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Polvo de estrellas: El sexo en la Ciencia Ficción

FANTACIENCIA

Polvo de estrellas: El sexo en la Ciencia Ficción

Primera parte del análisis del Dr. Jota Farias donde recorre el sexo en las novelas de ciencia ficción

PASADO, PRESENTE Y FUTURO

En este ensayo intentaré analizar el tratamiento que se ha dado a la sexualidad humana en los cuentos y novelas de ciencia-ficción, desde la negación absoluta de los comienzos del género hasta la imaginativa panoplia de relaciones plurisexuales de la actualidad, con especial hincapié en aquellas obras que hayan supuesto un cambio de dirección en la forma en que es tratado el tema.

Por razones de extensión, me limitaré a la ciencia-ficción escrita, dejando de lado películas, series de televisión y cómics, ámbitos en los que también hay una enorme cantidad de tela para cortar.
Es necesario aclarar que dada la naturaleza de este trabajo, en algunas ocasiones se hará referencia a las preferencias sexuales de algunos escritores. No es con ánimo discriminatorio, lo hago porque me parece relevante en el contexto del ensayo. Piénsese que si estuviese escribiendo sobre la influencia del racismo en la ciencia-ficción, sería interesante indicar si un autor es afroamericano, caucásico o asiático.

PRIMERA PARTE: A LA LUZ DE LA CASTA LUNA ELECTRÓNICA
(1929 – Década del 50)

En sus comienzos, la ciencia-ficción era un género dirigido casi exclusivamente a jóvenes. Y estamos hablando de jóvenes de comienzos del siglo pasado, sometidos a reglas morales mucho más estrictas que las actuales. La inclusión del sexo en las historias que se publicaban en los primeros pulps (1), resultaba impensable. La narrativa solía estar construida alrededor de la estructura del relato de aventuras en el que la damisela en apuros era salvada por el héroe, las relaciones eran meramente platónicas y lo más atrevido que podía esperarse era un casto beso. Romance, por supuesto, sexo… jamás.

Curiosamente, el mismo erotismo ausente de los argumentos estaba presente en las tapas. Era común ver a la heroína con un ajustado traje espacial que poco o nada dejaba librado a la imaginación a punto de ser devorada por el monstruo de ojos saltones o con sus ropas desgarradas, aunque ciertas zonas específicas siempre quedaban intactas. Esto que parece una contradicción es un sencillo ardid publicitario: las “pícaras” ilustraciones atraían a los mismos jóvenes cuya inocencia protegían las recatadas historias.

A. Merrir – Dwellers In The Mirage

En los raros casos en que se abordaba la cuestión del sexo, se lo hacía tangencialmente. Como por ejemplo en el relato de Wallace West “El último hombre” (The Last Man), publicado en el número de Enero de 1929 de la revista Amazing Stories. El argumento se desarrolla en un futuro en el que casi todos los varones se han extinguido y solo queda uno vivo, conservado en un museo. La reproducción se realiza por medios artificiales y las mujeres, ante la ausencia de hombres… se han vuelto asexuadas. Por supuesto, algunos autores se atrevían a desafiar los cánones. En el ejemplar de Marzo de 1932 de la misma revista aparece el relato de Francis Flagg “Las ciudades de Ardathia” (The Cities of Ardathia), una distopía que podría tildarse de steampunk si no fuera porque faltaban varias décadas para que se acuñara el término. El autor trata temas como la poligamia, la violación, los burdeles y la prostitución. Ese mismo año se publica otra distopía, todo un clásico de ese subgénero: “Un mundo feliz” (Brave New World), de Aldous Huxley. La obra plantea una sociedad dividida en castas en la que el consumo de drogas y la promiscuidad no solo están permitidas sino que son alentadas, ya que las clases dominantes las utilizan como herramientas de control de la población… como suele decirse, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia. El año siguiente tenemos “Shambleau”, cuento de Catherine L. Moore en el que una extraterrestre con tentáculos en lugar de cabellos utiliza el sexo para atraer a sus víctimas, a las que succiona toda fuerza vital y mata en estado de puro éxtasis. Una revisión de la historia de Medusa, con cierto toque sexual.

Olaf Stapledon – John Odd

Dos años después, Olaf Stapledon publica su novela “Juan Raro” (Odd John). Es la historia de John Wainwright, un mutante que al saberse superior al ser humano, se considera exento de las reglas morales que aplican al homo sapiens. Entre otras cosas, se sugiere que el protagonista mantiene relaciones incestuosas con su madre y su hermano menor.
Por esos años, John W. Campbell se convierte en editor de la revista Astounding, hecho que actualmente se considera el comienzo de la llamada Edad de Oro de la ciencia-ficción. Campbell exigía a los autores verosimilitud científica y calidad literaria, alejando al género de la simple aventura para adolescentes e iniciando un período de madurez intelectual. Intelectual, pero no sexual. Tomemos como ejemplo el estilo de dos de los favoritos de Campbell: Robert A. Heinlein e Isaac Asimov. Los héroes de Heinlein acostumbraban a ser modelos de perfección: sanos, inteligentes y bravíos y sus mujeres encarnaban a la compañera ideal. Si bien sus obras no se encontraban exentas de cierta tensión sexual, esta jamás se resolvía explícitamente. El sexo que podemos imaginar entre estas hembras y varones cuasiperfectos sería aséptico, atlético, dirigido no a la satisfacción de pasiones animales sino a la procreación de mas seres tan perfectos como sus progenitores. Asimov, por su parte apenas si presentaba personajes femeninos y cuando lo hacía, eran de aspecto masculino, como la Doctora Susan Calvin, una de sus mas famosas creaciones. Inteligente, tenaz, capaz de superar a los hombres en el terreno profesional… y absolutamente carente de atractivo sexual (2).

SEGUNDA PARTE: OTROS DÍAS, OTROS OJOS
(Principios de los 50 – Mediados de los 60)

Philip J. Farmer – Flesh

El primer autor en atreverse a tratar frontalmente el tema del sexo es Phillip José Farmer, en su novela de 1952 “Los Amantes” (The Lovers). Nuevamente, se trata de una distopía (parece que el sexo estuviera condenado a aparecer solamente en visiones negativas). En un mundo dominado por una religión totalitaria denominada “El Iglestado”, el puritanismo es la norma. El protagonista es un científico que forma parte de una misión de contacto (de conquista, en realidad) a un planeta habitado por alienígenas que han evolucionado a partir de los insectos. Allí conocerá no solo a una sociedad mucho más libre que aquella en la que vive, sino a una extraterrestre que despertará en él un amor y una pasión absolutamente prohibidos por su propia cultura. Es importante destacar que esta novela fue rechazada por Campbell por su contenido sexual explícito. Ese mismo año, Farmer escribe Madre (Mother), cuento en el que un humano es “devorado” por una extraterrestre que es básicamente una enorme vagina, estableciendo con ella una relación edípica. Dos años más tarde, escribiría la continuación: Hija (Daughter), esta vez la protagonista es una de los vástagos de el terrestre y la alienígena. Farmer reuniría estas y otras historias similares en la compilación “Relaciones Extrañas” (Strange Relations) publicada en 1960. Ese mismo año, publica también “Carne” (Flesh), novela que nos sitúa en el año 2870, cuando La tierra ha retrocedido a un estado primitivo y la religión imperante se basa en ritos de fertilidad. El capitán de una nave que regresa de un viaje de exploración de 800 años es recibido como el Héroe Solar, se le implantan astas de ciervo que le proveen una enorme potencia sexual, y se ve obligado a participar todas las noches en orgías con vírgenes. Claro que al final del recorrido deberá ser castrado y sacrificado por Alba, diosa de la muerte.

Corrían los años sesenta y los vientos de cambio sacudían también a la ciencia-ficción. Robert A. Heinlein, publicaba su novela “Forastero en tierra extraña” (Stranger in a strange land), que se convertiría en una suerte de biblia del movimiento hippie. El libro cuenta la historia de Valentin Michael Smith, niño humano nacido en marte y criado por los marcianos, quienes le enseñan a desarrollar todo el potencial de su mente y lo imbuyen de su particular filosofía. A su regreso a La Tierra, se convertirá en una suerte de mesías de una pseudoreligión que propugna, además de una filosófica muy interesante (3), la abolición de la propiedad personal en favor de la propiedad grupal, haciendo extensiva esta idea al ámbito sexual. El texto incluye descripciones de relaciones tanto individuales como grupales, lo que hizo que la edición original fuera censurada. Una versión completa recién vería la luz en 1991, cuando la viuda de Heinlein, al momento de renovar el Copyright, recuperó el texto íntegro de la obra.

Theodore Sturgeon – The World Well Lost

La libertad sexual propugnada tenía sin embargo sus límites. En una parte de la novela, una de las protagonistas femeninas se alegra de que el Hombre de Marte nunca se haya cruzado con un homosexual, porque “quién sabe qué le haría Mike a un pobre invertido”. La homofobia resistía estoicamente. Veamos si no la suerte que corriera el relato de Theodore Sturgeon “El mundo bien perdido” (The world well lost), de 1954. El autor envió este cuento a uno de sus editores principales, quién no solamente lo rechazó con cajas destempladas, sino que se ocupó de llamar a otros editores para advertirles que tampoco lo aceptaran. Uno de ellos, Bill Hamling, que dirigía en ese entonces la revista Imagination estuvo a punto de comprarlo solo por llevarle la contraria, pero al fin desistió. Irónicamente, Hamling es actualmente propietario de la Greenleaf Publishing Company, conocida por su producción erótica homosexual. Al fin de cuentas, fue Universe quien adquirió el cuento. La trama, conmovedora y poética es la siguiente:
Una pareja de extraterrestres llega de visita a La Tierra y se dedica a pasearse por ella. Se los ve tan enamorados que la población los apoda “Los Tortolitos”. Pronto se descubre que provienen de Dirbanu, un planeta transgaláctico con el cual los terrestres llevan mucho tiempo tratando infructuosamente de congraciarse. Cuando el gobierno de Dirbanu confirma que son no sólo súbditos suyos, sino también prófugos de la justicia, La Tierra los envía como prisioneros de regreso a su patria en una nave tripulada por el prepotente y primitivo Rootes, como capitán y su único subalterno el silencioso Grunty. Es este último quién descubre el crimen cometido por los “tortolitos”: simplemente ser una pareja homosexual. Y una vez que comprende eso, los libera… porque él mismo está enamorado de su detestable capitán. En una última, preciosa escena, Grunty reflexiona: “¿por qué debemos amar donde cae el rayo y no donde nosotros decidimos? […] Pero me alegra que seas tú, pequeño príncipe. Me alegra que seas tú”.

Hoy en día, no se puede sino admirar la belleza de esta sencilla y emotiva historia… pero en su época, tener el descaro de presentar no una, sino dos relaciones homosexuales y no como aberraciones, sino como una forma válida de expresar amor le valió al autor todos los dolores de cabeza antes mencionados… y, según sus propias palabras, algunas de las más sorprendentes cartas de admiradores que jamás haya recibido un autor heterosexual.
Volviendo a 1960, el mismo Sturgeon publica la novela “Venus mas X” (Venus plus X), en la que imagina la evolución del ser humano, acelerada mediante manipulación genética hacia una raza andrógina, exenta del dimorfismo sexual y de las tensiones derivadas del mismo, que habita una utópica ciudad llamada Ledom (4). Los Ledomitas son altos, estilizados y fuertes aunque de rasgos delicados, y sin el impulso violento que caracterizaría al homo sapiens. Además de tecnológicamente mucho más avanzada, su sociedad es más permisiva que la nuestra y carece de los prejuicios socio-culturales y religiosos actuales.

Incluso Asimov se haría eco de esta (limitada) libertad sexual con su relato “Playboy y el Dios mucoso” (Playboy and the slime god), publicado en 1961 en la revista Amazing stories, fact and science fiction. El cuento trata de unos extraterrestres que intentan investigar los rituales amatorios humanos, para lo cual abducen a una mujer y un hombre, desconocidos entre sí. Los alienígenas se han formado una idea de las costumbres humanas a través de referencias literarias y se sienten decepcionados cuando la realidad no se condice con estas: los pechos de la mujer no asemejan “globos de marfil”, el hombre no “jadea roncamente” y cosas así. Al fin desisten del experimento y los devuelven a La Tierra, dónde, ya fuera de la vista de los investigadores, sí se da lo que estos trataron infructuosamente de provocar. El relato se titulaba originalmente ¿Que es esa cosa llamada amor? (Wath is this thing called love?) y estaba destinado a aparecer en Playboy, pero esta lo rechazó. La revancha de Asimov fue incluir a la revista en el nuevo título. La pretensión del Buen Doctor no era nada fuera de lo común, ya que Playboy solía publicar cuentos de ciencia-ficción con o sin carga erótica, pero sus editores consideraron que Asimov no era la clase de autor que necesitaban. También el 1961 aparece Ansia Primaria (The primal urge), novela satírica de Brian Aldiss sobre una sociedad futura en la que los hombres llevan en su frente un registrador de emociones que se ilumina cuando se sienten sexualmente excitados.

(1) Término con el que se designa a las revistas de encuadernación a la rústica, baratas y de consumo popular, mayormente especializadas en literatura fantástica.
(2) Quienes hayan visto la película Yo, Robot (I, Robot – 2004) quizá tengan otra imagen de la Dra. Susan Calvin. Una vez mas, el cine nos ha mentido.
(3) Resumida en el dogma Tu eres Dios, yo soy Dios, todo lo que tiene inteligencia es Dios
(4) Model (Modelo) escrito al revés

#culturanerd - Periodismo de corte fantástico

3 Comentarios
  • http://centuryabogados.com/fuengirola/ Mauro Torres

    Estupendo post, y es verdad, usualmente no se toca mucho el tema del sexo en las novelas de ciencia ficción y cuando se hace es de forma muy negativa y yo creo que es un filón que están desaprovechando 😉

    • Jota Farias

      Gracias… recién veo tu comentario… de ahí la demora en responder. Espero que no hayas cambiado de idea en estos diez meses.

      • http://centuryabogados.com/fuengirola/ Mauro Torres

        jajjaa no creo, un saludo

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