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Vuelta por el universo

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Vuelta por el universo

Repaso de Gala y Gibbs, novela gráfica espacial orientada al público infanto-juvenil de Matías Di Stéfano y Marcos Vergara, coeditada por LocoRabia y Los Aspirantes

Siempre representa una alegría que en el ámbito nacional surjan nuevas propuestas comiqueras destinadas al público infantil, porque es otra forma de ir fortaleciendo el mercado frente a la oferta proveniente del exterior, que frecuentemente termina acaparando gran parte de ese segmento merced a las adaptaciones en viñetas de contenidos cinematográficos y/o televisivos. Como destacamos en 2021 al reseñar Los Angirú (Rabdomantes Ediciones), el catálogo de las diferentes editoriales independientes ha ido incorporando, de un tiempo a esta parte, subsellos con material pensado para los más pequeños. El libro que nos ocupa es una prueba de ello, ya que integra la colección Loquillos, de Locorabia Editora, en colaboración con la gente de Los Aspirantes Ediciones. Gala y Gibbs es una aventura espacial de 92 páginas a color impresa en el clásico formato apaisado (15×20 cms.), gestada por dos nicoleños, Matías Di Stéfano (guión) y Marcos Vergara (dibujos), que vio la luz hace unos meses.

Un millón de años luz

La trama introduce un planteo inicial que homenajea de algún modo a El Planeta de los Simios; en un futuro no demasiado lejano, los monos han evolucionado al punto de reemplazar a la extinta humanidad como especie inteligente dominante en la Tierra. Así las cosas, la estación espacial en órbita destinada a comandar los ejercicios tácticos de la nueva flota de naves, pronto es atacada por una pequeña fuerza de choque Arcadiana. El señor Gibbons, temerario piloto terrestre castigado por su viejo y huraño Capitán, decide desobedecer la orden de permanecer al margen de la acción cuando observa que sus compañeros están siendo claramente superados por el enemigo, una raza alienígena con reminiscencias japonesas.

Gibbs salva el día para el resto de los changos, pero a un alto costo, ya que termina siendo capturado por el malvado Otosan, quien le encarga a su díscola e inteligente hija Gala conducirlo a un distante y jurásico planeta-prisión, donde quedará recluido indefinidamente. Claro que el villano no cuenta con la particular relación que se establecerá entre ambos al superar juntos los diferentes peligros que les depara aquella olvidada roca espacial. Ni con la partida de rescate que los colegas del mico preparan a espaldas del estructurado Capitán, quien pensaba que sus problemas como autoridad al mando de la tropa terminarían con la ausencia de la ‘manzana podrida’. Ambas movidas terminarán por confluir en un final tan vertiginoso como inesperado.

Gabinetes espaciales

El gran punto a favor que hay que destacar de esta historieta es que ‘funciona a muchos niveles’. Está construida (argumental y artísticamente) de modo tal que su lectura resulta atractiva tanto para los lectores más jóvenes, que seguramente disfrutarán las muchas  y divertidas peripecias por las que pasan los protagonistas a medida que la acción se desarrolla, como para los mayores, que encontrarán interesantes las distintas referencias solapadas a conocidas obras  de diferentes géneros, con la ciencia ficción y aventura fantástica a la cabeza. En la faz gráfica, Vergara adapta su estilo a una síntesis emparentada con la línea clara, sin perder en el camino las características distintivas de su trazo, fluidez narrativa, expresividad y correcto trabajo de fondos. Todo ello con un buen trabajo de diseño general.

Asimismo, hay un fuerte (logrado) elemento de caracterización en ambos personajes protagónicos, que terminan complementándose perfectamente a partir de sus propias carencias personales constitutivas. Lejos de resultar acartonados, un mero vehículo para presentar secuencias de comicidad y acción más o menos concatenadas, se percibe una preocupación por darles profundidad narrativa, al punto de presentar un potencial que lejos está de haberse agotado con esta aventura. Al menos esa es la percepción que queda en uno tras dar vuelta la última página del libro. De hecho, el final algo abierto en lo que respecta a la relación que se establece entre Gala y Gibbs, deja la puerta abierta para una futura continuación.

Ojalá termine llegando a las comiquerías nacionales más temprano que tarde. Y sea, también, una monada de otro planeta.

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41 años, Licenciado en comunicación social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, ocasional escritor.

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