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Krantz: El serial de Jorge Morhain y Horacio Lalia, por la vuelta

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Krantz: El serial de Jorge Morhain y Horacio Lalia, por la vuelta

Análisis de la recientemente publicada segunda tanda de episodios de la maxiserie cuya compilación inicio Deux Graphica Studio en el lejano 2012.

OBRA MALDITA

Allá lejos y hace tiempo, sobre fines de 1981, en los números 75 a 77 de Skorpio Gran Color, antología de la extinta Ediciones Récord, se publicaron tres entregas de una serie que terminó abruptamente, debido a presiones de los editores italianos asociados en relación a ciertas temáticas religiosas abordadas en el contenido. A mediados de los noventa, los experimentados creadores de aquel trabajo, el guionista Jorge C. Morhain (Capital Federal, 1942) y el lapicista Horacio Lalia (Ramos Mejía, 1941), decidieron retomarlo desde cero. Hacia 2012, Deux Graphica Studio compiló los primeros seis capítulos -de dieciocho- en un tomo que, complicaciones editoriales mediante, recién tuvo su continuación hace unos meses, este pandémico 2021. Krantz: El primer círculo, es un volumen de ochenta páginas B/N, que incluso salió impreso en el formato actual de las publicaciones del sello, 24×17 cms. Otro cachetazo al coleccionista que esperó casi una década la salida del nuevo libro.

Esta segunda tanda de episodios de la maxiserie -siete al doce- presentan, nuevamente, una extensión de entre doce y catorce páginas, promedio. Asimismo, la edición incluye un resumen introductorio textual que resulta ciertamente escueto e incompleto, volviendo  inevitable una relectura del libro anterior, para refrescar tanto la trama como los numerosos personajes que la protagonizan. Desacierto editorial que implica una dificultad comprensiva para aquellos nuevos lectores con intención de acceder a la obra. Una verdadera lástima.

RENACENTISMO OSCURO

El inicio del relato nos remite a la Europa del siglo XVI, con dos jóvenes e influyentes personalidades de la aristocracia francesa, la ocultista María Harvilliers y el médico Michel de Notre-Dame, siendo testigos de la aparición de una especie de íncubo surgido de las oscuras aguas de un pantano en mitad de la noche. El visitante se presenta con el nombre de Ross Krantz y ante la plena incredulidad de la pareja, dice provenir del futuro. Su conciencia artificial-base de datos histórica, fue concebida en el lejano siglo XXXVIII, mientras que su cuerpo fue generado retroactivamente a partir de elementos existentes en aquel fangal. Venciendo a un cruel inquisidor, el trío protagónico queda informalmente conformado.

Su misión en aquel tiempo y lugar, evitar un evento histórico que determinará otros tantos sucesivos concatenados, hasta propiciar la complicada línea histórica de la cual es originario, con una guerra a escala global en desarrollo, se cumple; más no a tiempo de lograr arribar nuevamente a su época atravesando un portal que recién volverá a abrirse en dos décadas. Así es como queda varado en 1532 y su accionar en sí mismo se convierte en una gran paradoja, lo que no impedirá que le otorgue su apodo al célebre Nostradamus, o se involucre en el destino final de Catalina de Médici, entre otras tantas intervenciones.

Una y otra vez, juntos y por separado, deberán imponerse a los oscuros manejos de la Duquesa Diana De Poitiers, célebre amante del Rey Enrique II y su fiel sirviente, el mago Cósimo Ruggieri, en permanentes intrigas palaciegas y de las otras, intentando evitar la ascensión de Catalina al poder. Claro que para ello los protagonistas cuentan con el apoyo del enviado papal Cornelio Agrippa, simpatizante de la causa de Harvilliers; quien además tiene sus propios protegidos, un grupo de hombres y mujeres afectos al estudio de la ciencia y la metafísica: el joven pensador Jean Bodin, la telépata italiana Ginetta, la bruja escandinava Gwendoline, el mítico Hombre-Lobo y la adivina francesa Aimée Gounot.   

EL LIENZO DEL TIEMPO

Los guiones aprovechan muy bien el contexto renacentista, época de ebullición cultural cara al progreso del viejo continente, aunque no ajena a excesos de todo tipo. El conflicto ‘ciencia versus religión’ sobrevuela las pequeñas historias que, sucediéndose, hacen avanzar el plot central de la saga. Morhain se esmera en dotar de profundidad a los personajes secundarios, aunque al ser tantos, en ocasiones opacan al propio Krantz. Aquel interesante triángulo amoroso entre este, María y Nostradamus, por ejemplo, quedó en nada. Hay, en el presente tomo, indicios de por dónde puede llegar a resolverse la saga, en el capítulo que transcurre en Egipto y los dos últimos, contra otro viajero temporal de un tiempo posterior al suyo. Pero todavía falta bastante para el último acto. Lo importante, al margen de las muchas puntas argumentales que van abriéndose, es que en este tramo medio el interés no decae.

El aspecto gráfico de la historieta tiene el plus del pleno dominio que el maestro Lalia ejerce sobre el periodo histórico planteado como presente propuesto, largamente transitado en series como Nekrodamus, Belzarek o El Inquisidor, entre otras. Valiéndose de una multiplicidad de técnicas artísticas, sus trazos reconstruyen opulentos palacios, derruidos castillos y fantásticos bosques, con la solidez de siempre. Del mismo modo, el dibujo enfatiza con precisión los diferentes climas propuestos por el argumento, dando real carnadura y expresividad al variado elenco protagónico en cada participación. Incluso su habitual propensión -más de una vez criticada- a disponer las viñetas en página de modo no lineal, dificultando el orden de lectura, en esta oportunidad es más excepción que norma.

Pasando en limpio, estamos frente a una lograda serie de largo aliento, que no va a defraudar para nada a quienes disfruten de la aventura de corte clásico. Material de difícil clasificación genérica, por otra parte, puesto que toma elementos propios de la ciencia ficción en su planteo inicial, combinándolos posteriormente con otros de naturaleza fantástica, pese a focalizar su desarrollo sobre la base de destacados sucesos y figuras históricas reconocibles. Ojalá no haya que esperar otros nueve años para descubrir cómo termina.

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41 años, Licenciado en comunicación social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, ocasional escritor.

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