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SEND HELP: Lo viejo funciona… aunque se oxide

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SEND HELP: Lo viejo funciona… aunque se oxide

En su regreso al cine, Sam Raimi propone un relato más introspectivo que sobrenatural. Entre el óxido de sus recursos clásicos y la vigencia de su mirada, SEND HELP revisita el legado del terror desde la experiencia de sus maestros.

Las voces prominentes del cine de terror en la actualidad fueron marcadas, elogiadas y también cuestionadas en notas anteriores escritas por este servidor. Las problemáticas sociales a la orden del día y los panoramas de incertidumbre política supieron hacer eco en las prosas de Peele, Aster, Kennedy, Begos, Cregger y, si nos atrevemos a mencionar a Eggers con su hiperfijación del estilo gótico, nos queda una redacción eterna.

¿Pero qué tan bien le supo a la vieja escuela del horror pasarles la antorcha a las nuevas generaciones? Si algo vende en esta industria es la nostalgia, y los íconos que incorporan entidad al género supieron actualizarse con el paso de las décadas y sus respectivas narrativas. Sin irnos más lejos, dentro de poco Scream ofrece su séptima entrega, y la tercera dentro de una diégesis muy anclada a los dogmas sociales actuales. Chucky tuvo una serie casi al mismo tiempo en que entidades como el demonio alado de Jeepers Creepers, Leatherface, Pennywise, los cenobitas de Hellraiser o los deadites de Evil Dead daban un paso al frente con nuevos capítulos de sus respectivos macroversos. Las historias no mueren, pero algo muy distinto yace entre las personas de carne y hueso que empuñan los versos iniciales de todas ellas.

El padre del género zombi, George Romero, falleció hace casi nueve años, y un estandarte del terror introspectivo como Wes Craven nos dejó más de media década atrás. John Carpenter sigue ejerciendo de compositor, pero no da indicios de abandonar el retiro en la silla del director, y el polémico Ruggero Deodato pasó a mejor vida justo después de la pandemia de COVID. Casi como si se tratase de un viejo camarada asistiendo a reuniones de veteranos, con un cúmulo de sillas vacías a su alrededor y la mirada perdida hacia el suelo, Sam Raimi sigue vigente en los estrenos comerciales, y SEND HELP es la prueba de que la escuela de los maestros se mantiene intacta, sin importar los castigos del paso del tiempo.

La desairada Linda Liddle ve su mundo derrumbarse ante panoramas laborales hostiles y un joven jefe que reniega de reconocer sus esfuerzos por escalar en la jerarquía de la oficina. Entre miradas llenas de desdén y palabras colmadas de condescendencia, tanto ella como el heredero de la empresa caen de un avión ejecutivo a una isla aparentemente desierta. Ante los peligros de la intemperie, las broncas acumuladas y la muerte acechando en la estela nocturna, las escalas de poder dan un giro absoluto.

Suena a la fantasía de un guionista primerizo, pero en realidad es la nueva obra de Sam Raimi, el maestro de la vieja escuela responsable de la trilogía de Evil Dead, Drag Me to Hell y también conocido por haber sido pionero en el cine de superhéroes con la trilogía de Spider-Man protagonizada por Tobey Maguire.

Sin embargo, aquí tenemos a un Sam muy alejado de las tomas experimentales del trepamuros, con sus enseñanzas morales y su música épica. Quien vuelve es el Sam que sabía divertirse en su juventud con actores novatos y presupuestos que harían llorar a productores de videoclips actuales. Se trata de un director con recorrido y desenvoltura, incapaz de pasar desapercibido, y fue gracias a sus enseñanzas que luego supieron extender sus alas autores de la talla de Alexandre Aja, Fede Álvarez, Rodo Sayagues, Stephen Susco y hasta el mismísimo James Wan.

¿Reconocés esos momentos en el cine de superhéroes donde la música se detiene y solo quedan audibles los golpes en seco durante una caída al vacío? ¿O esas tomas en contrapicado en el cine de horror donde se apunta hacia una puerta o un rincón oscuro para denotar peligro inminente, torciendo la perspectiva de la cámara? ¿Recordás esas veces viendo una película de terror donde el elemento de peligro choca con un héroe que, para el tramo final, consigue un arma contundente como una motosierra, un hacha o un vehículo? Todo eso proviene del imaginario de Sam y de su forma tan mordaz de retratar las desventuras de un grupo de desdichados contra un mal sobrenatural. Es su firma personal, como bien lo son el enfoque en los peligros domésticos para Miguel Ángel Vivas, las vueltas de tuerca en el género slasher para Christopher Landon o el gore desmedido para Damien Leone.

Pero en SEND HELP no tenemos nada de eso. La isla no esconde demasiados secretos y los elementos espectrales aparecen en términos oníricos. Lo que busca retratar Sam esta vez consiste en un estudio de personajes donde todos pueden ser los villanos de sus propios acompañantes en contextos de incertidumbre o los precursores de sus más esperanzados sentimientos. De ahí proviene su iniciativa por darle toques de comedia negra y trasfondo romántico a la relación carnívora entre ambos protagonistas: una mujer incapaz de afrontar la realidad y un hombre que solo puede pensar en sí mismo. Ambos tienen egos desmesurados y pueden fingir prudencia a la hora de dialogar, aunque sus instintos por lograr sus respectivas encomiendas morales permanezcan siempre al borde del colapso. Ya de por sí se demuestra con las escenas del accidente de avión que el espectador no podrá encontrar refugio en Linda ni tampoco terminar de empatizar con Bradley, porque Sam no quiere que empaticemos con nadie. Aquí solo hay carroña, vientos huracanados y rencores a punto de salir a la superficie.

Podríamos señalar que el guion se estanca en esta incertidumbre sin saber bien hacia dónde dirigirse, o esa forma tan espontánea de apurar el tramo final. Las partes más escatológicas del estilo de Raimi, como su afición a las secreciones y fluidos para incentivar el gore, así como los sustos baratos tan propios de décadas pasadas, no ayudan a disimular el óxido entre las páginas de su autor. Quizás los jóvenes guionistas y directores de la actualidad nos han mostrado que las diferentes formas que puede tomar el horror dejan en evidencia lo limitada que podría haber sido la prosa de Sam en un contexto como el de la segunda década del nuevo milenio.

Pero este servidor prefiere recordar que no estamos hablando de un novato. Puede ser que un Raimi en la actualidad no tenga los ecos que tuvo hace cuatro décadas, y también es posible que su estilo no sea para todos. Pero de no ser por Sam, ni por George, ni por John, ni por tantos otros maestros del siglo pasado, no tendríamos caminos sobre los que recorrer este maravilloso género lleno de muerte, gritos, desmembramientos, vómitos, peleas, risas, reencuentros, abrazos, desconfianzas, reivindicaciones, caídas, resurrecciones, llantos y, al menos en este caso, mucha arena para tirarle en la cara a nuestro jefe.

Lo viejo funciona… aunque se oxide.

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Obrero industrial, barista por convicción y cuentista empedernido. A partir de estos paramos solo reina la subjetividad.

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