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Las Aventuras de Hergé y Tintín en el siglo “corto” Parte 2: Tintin abandona el mundo

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Las Aventuras de Hergé y Tintín en el siglo “corto” Parte 2: Tintin abandona el mundo

Segunda parte del recorrido de Manuel en torno al personaje “Tintín”, obra del belga Hergé.

VIENE DE PARTE 1

La partida del reverendo Norbert Wallez del periódico “Le Vingtiéme Siécle” le dió a Hergé un golpe de realidad que llego en formato de carta, el propio autor cuenta: “(…) cuando anuncié que Tintín iba al lejano este y la China, recibí la carta de otro abad que decía, ‘Si comete el error de dibujar un chino con una trenza, o los hace comer nidos de pájaros mientras chilla, causará un gran daño’”. En un encuentro, que el belga define como “punto de giro”, busco asesoramiento de un joven chino, más precisamente un pintor, escultor y poeta, Zhang Chongren, luego conocido como Tchang Tchong Jen.

La llegada de Tchang y el cambio de Hergé: investigación y denuncias

Para “El Loto Azul”, probablemente uno de los mejores álbumes, Hergé confesó que, con la tutoría de Tchang, descubrió un mundo totalmente nuevo: “(…) Me enseño muchas cosas nuevas. Poesía y caligrafía china, el viento, inspiración. El hueso, rigurosidad gráfica (…)”. Tchang no sólo le enseña sobre el oficio del arte, sino sobre el budismo y el taoismo. Tintín ya no es un reportero, se vuelve un aventurero propiamente dicho, y Hergé aprende a documentarse rigurosamente para escribir a su personaje, a instruirse por sí mismo, adopta nuevas técnicas, pero, sobre todo, encuentra, a sus ojos, a su primer gran amigo. Tchang supervisó toda la obra, dibujó los ideogramas (pasacalles, panfletos, etc.), los cuales llenó de mensajes antimperialistas (recordemos que estamos en el preludio de la guerra sino-japonesa, o chino japonesa, que duró hasta 1945). Con esto dicho, la obra se convirtió en una sátira política, un informe gráfico de los acontecimientos. Después de 1945, Hergé perdió contacto con Tchang por más de 30 años, en los que nunca dejo de buscarlo, pero eso ya lo veremos más adelante.

Con la gran influencia de la aventura oriental, Hergé empezó a tomarse su obra en serio y se convirtió en una esponja. Mientras Tintín viajaba por todo el mundo, su autor se convirtió en un turista de salón, leía periódicos, revistas, horarios de trenes y visitaba museos de Bélgica. Tintín se convirtió, definitivamente, en un alter ego, la burbuja con la que Hergé se distraía de sus autolimitaciones.

“La Oreja rota”, siguiente historia de Tintín, fue una audaz denuncia de La Guerra del Chaco (1932-1935), conflicto entre Paraguay y Bolivia. Hay poco para decir de este álbum, pero es bueno resaltar que los países participantes del conflicto son disfrazados bajo los nombres de San Theodoros y Nuevo Rico (Bolivia y Paraguay, respectivamente). La estatuilla que buscan los personajes está inspirada en la cultura chimú (precolombina), mientras que en dicho álbum aparece un personaje llamado Basil Bazaroff, de copia física exacta de Basil Zaharoff, un negociante de armas que alentó varios conflictos internacionales para realizar negocios entre los participantes, obviamente, el conflicto sudamericano fue el caso más icónico.

“El cetro de Ottokar” es quizás la denuncia más peligrosa que Hergé realizó por esos años. En dicha obra, se denuncia al país Borduria, clara sátira de la Alemania Nazi. Hergé contó sobre esto El hombre malvado es Musstler, Mussolini-Hitler. Además, hay varias referencias, cómo los uniformes y los aviones, éstos últimos trajeron un gran problema al autor, leámoslo: “Un día, en el ‘Vingtiéme Siecle’, vino un alemán, trabajaba para la policía secreta alemana, yo no sabía porque tenía un nombre belga, me dijo ‘El avión en El Cetro de Ottokar es un Messershmitt (Avión de caza alemán). No haga ese tipo de cosas muy a menudo’ No dijo nada más, pero yo me quedé intranquilo”. Además de todo esto, la historia nos presenta a un personaje que volverá en varios álbumes siguientes, Bianca Castafiore, único personaje femenino del elenco de Tintín. Una cantante de ópera italiana que nunca sale bien parada en los guiones de Hergé, lo que le provoco al autor acusaciones de misóginia y machismo.

Hay que decir que, en todos estos álbumes, Hergé siempre fue protegido de las polémicas por el éxito de su personaje y, obviamente, la ayuda de los editores del periódico dónde éste se publicaba. Dicha protección quedó hecha añicos mientras publicaba su siguiente álbum, “Tintín en el país del oro negro”, ya que, el 28 de mayo de 1940, los nazis ocuparon Bruselas. El periódico dónde el autor trabajaba fue clausurado por su ideología católica y Hergé huyó, junto a otros exiliados, de Bélgica. Pronto volvería, pero las circunstancias serían distintas.

Aventuras en paisajes inexistentes: Hergé abandona el mundo

Cómo dijimos antes, Hergé se exilia en Francia, pero no pasará mucho tiempo para que el rey Leopoldo III realice un pacto con los alemanes. Tomando una política de “nada ha pasado”, el monarca tomo una decisión contraria a la de sus pares de otros territorios conquistados (quienes dirigieron desde el exilio la resistencia al III Reich), y pidió el regreso de todos los exiliados, Hergé, un monárquico declarado decidió obedecer.

La guerra terminó para nosotros, no teníamos aliados. Los alemanes estaban aquí, no era agradable, pero no duraría para siempre” explica el autor en una entrevista. Al volver, por obvias razones, Hergé estaba sin trabajo, pero, por sugerencia del reverendo Wallez, es impulsado a trabajar en “Le Soir” (La Tarde), un periódico de gran llegada, confiscado e intervenido por los nazis a sus dueños originales. Según Wallez, George debía apoyar a los alemanes contra el comunismo soviético. El autor aceptó: “(…) no fue problema para mí trabajar en ‘Le Soir’”. Hay que decir que varios le previnieron mediante cartas, lo cual le generó un gran conflicto que, según sus historiadores y entrevistadores (los cuales se pueden contar con los dedos de la mano) siempre resaltaron el tabú que le resultaba al creador de Tintín hablar del conflicto que le provocó esta época. Sin embargo, hay que decir que años después, hablo de arrepentimientos “(…)Es cierto que Raymond de Becker, el editor de Le Soir, simpatizó con el sistema nacionalsocialista (…) Reconozco que creía que el futuro de Occidente podría depender del Nuevo Orden. Para muchas personas, la democracia había resultado engañosa y el Nuevo Orden trajo esperanzas. En los círculos católicos, tales opiniones se llevaron a cabo ampliamente. Dado lo sucedido, fue, naturalmente, un terrible error haber creído, incluso por un instante, en el Nuevo Orden” (Citado por Peeters, Benoit; “Hergé, Son of Tintín; 2012)

Tres cuestiones cambian la obra de Hergé en esta época. La primera es la escasez de papel, que obliga al autor a cambiar la composición de Tintín para ajustarla al espacio cedido por el periódico. La segunda cuestión fue la gran productividad que Hergé experimento durante su estadía en “Le Soir”, casi todos los álbumes de esta etapa son los favoritos de los fanáticos/as. Finalmente, la tercera cuestión, ya propia del contenido de la obra, las aventuras de Tintín acontecidas en este tiempo, es decir de 1940 a 1944, han coincidido con un Hergé con gran falta de compromiso con la realidad en la que estaba viviendo. De repente, Tintín dejó de viajar a los distintos territorios, para denunciar conflictos, y se convirtió en un aventurero en busca de tesoros escondidos e investigador de objetos fantásticos como meteoritos. La política desaparece, variedad de personajes secundarios aparecen, los cuales empiezan a desarrollar cierta identidad, y Hergé deja de ver su alter ego en Tintín, un joven aventurero, para reconocerse en un nuevo personaje, uno que apareció precisamente al inicio del trabajo bajo tutela nazi, aparece el capitán Haddock.

 “(…) personajes trastornados, gente con problemas físicos y morales.”. Así definía el autor al elenco que empezó a rodear comúnmente a su personaje más famoso. En un álbum, que él mismo Georges define como central, introduce al personaje favorito de varios tintinólogos, llega el capitán Haddock, el cual su creador define de la siguiente manera: “Se acepta a sí mismo como lo que es”, además, resaltará dos cuestiones fundamentales del personaje, su efusividad: “(…) a veces encuentro expresiones que le sientan a Haddock en el diccionario, y las escribo (…) y su alcoholismo (…) sus exabruptos son siempre causados por el alcohol”. Sumado a lo contado por el autor, podemos citar que el capitán es el personaje más humano de toda la obra, lleno de las fallas características de su condición de antítesis del héroe perfecto, es decir, el mismo Tintín.

El siguiente álbum, “La estrella misteriosa”, de 1942, hay una alegoría al fin del mundo, el futuro es incierto y hay mucha inspiración de “La caza del meteoro” de Jules Verne. Además, a partir de este álbum empiezan a colaborar en Tintín el futuro gran autor de la escuela franco-belga, Edgar Pierre Jacobs, a quién Hergé le reconocerá muy poco, y Jacques Van Melkebeke, gran colaborador en los escenarios de la historieta. Dicho álbum es reconocido también por sus polémicas ya que el villano de la historia tiene grandes rasgos judíos, los cuales fueron utilizados para acusar a Hergé de antisemita. A pesar de que las escenas más polémicas se sacaron de ediciones posteriores del álbum, algunos historiadores del autor coinciden en que Georges era más antiestadounidense que antisemita, y que lo que quería caricaturizar era la avaricia de los empresarios capitalistas del país del norte, pero leamos al propio autor: “Todo lo que realmente hice fue mostrar un financiero villano con una apariencia semítica y un nombre judío: Blumenstein, en ‘La estrella misteriosa’ ¿Pero significa eso que hubo antisemitismo de mi parte? Me parece que en toda mi panoplia de tipos malos hay todo tipo de personajes; he mostrado muchos «villanos» de diversos orígenes, sin ningún tratamiento particular de esta o aquella raza… Siempre hemos contado historias judías, historias de Marsellesa, historias escocesas. Pero, ¿quién podría haber predicho que las historias judías terminarían como sabemos ahora que lo hicieron, en los campos de exterminio de Treblinka y Auschwitz”.  La historia, además, mostraba a Estados Unidos como país antagonista, con lo cual, para disminuir el sentimiento antiestadounidense ya explicitado, Hergé cambiaría, posteriormente, su bandera (aparecida en la obra original) por la de un país ficticio de Sudamérica, Sao Rico.

La faceta de los tesoros escondidos se vio en los dos siguientes álbumes, “El secreto del unicornio”, de 1942-1943, y “El tesoro de Rackham el Rojo”, de 1943, dónde nos aventuramos en el pasado del capitán Haddock, con su antepasado el caballero Francisco de Hadoque. Ambas historias se convirtieron en clásicos de la tradición franco-belga, además de que el segundo marca la primera aparición de un personaje muy importante para el Tintín de la posguerra, el excéntrico científico Silvestre Tornasol. Sin dudas, ambas demuestran el gran momento creativo de un Hergé que solamente quería que lo dejaran tranquilo con los problemas del mundo exterior.

Final de la ocupación. Hergé en problemas, ¿El fin de Tintín?

El 3 de septiembre de 1944 los británicos liberan Bélgica. Hergé estaba realizando en “Le Soir” “Las 7 bolas de cristal”, pero el periódico es clausurado, la historia es interrumpida y el autor es acusado de colaboracionismo por su participación en el pasquín controlado por los nazis. El autor es detenido: “Fui arrestado 4 veces (…) me pusieron en una lista negra. Eso fue en 1945, todos mis amigos y editores desaparecieron (…) nadie me conocía, pero así fue”. Hergé se defenderá de una manera muy simple, ¿porque a él lo arrestaban por trabajar en un diario, y no al que trabajaba de minero, maquinista o panadero? Creo que no necesito explicar la importante diferencia entre éstos oficios y el empleo en un medio de comunicación. Sumado a éstos problemas, su hermano regresa de la guerra herido y su madre ve su salud desmejorada, con lo cual, debe ser internada en un hospital psiquiátrico.

Finalizando esta segunda parte de la nota sobre Hergé y Tintín, es de sobra decir que podemos absolver al autor de ser colaborador directo de los nazis, es decir, nunca realizó una propaganda pro-Eje en las historias de la época, más allá del caso de “La estrella misteriosa” que ya explicamos, pero si podemos decir que, dado su interés por documentarse y aprender de todo lo que podía, especialmente tras su experiencia con Tchang, es indudable que encerrarse en su obra, sin mostrar  interés en todo lo que estaba pasando, no fue su mejor decisión, y se nota que este karma lo acompaño el resto de su vida, más allá de sus arrepentimientos posteriores.

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