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(Dis)enchantment Parte 3: run, Bean, run

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(Dis)enchantment Parte 3: run, Bean, run

Parece que la tercera temporada de Desencanto le da a un nuevo significado al título…

(Des)encanto es una serie que sufre, ya desde sus inicios, un grave problema de identidad. No sabe si prefiere ser una serie de historias únicas en la que lo que ocurre en un capítulo prácticamente no tiene influencia en los siguientes (al estilo de Los Simpsons) o si prefiere tener una trama conductora, que se desarrolle paso a paso a lo largo de cada episodio (similar a lo que hizo Futurama con «El monstruo de un millón de espaldas» o «El juego de Bender»).

Esto fue evidente ya desde la primera temporada, cuyos dos o tres episodios iniciales actúan como presentación de los personajes e introducción al conflicto, los dos o tres últimos  son la resolución y en el medio… la nada misma: una sucesión de gags con muy poca o nula progresión de la historia. Para su suerte, la trama logró ser lo suficientemente interesante como para que valiera la pena verla.

La segunda temporada fue bastante más dispersa, con una narración que avanzaba a los tirones. La salvan del desastre total la evolución de los personajes (con la salvedad de la protagonista, que parece incapaz de cambiar) y la introducción del reino de Steamland, una ciudad basada en tecnología Steampunk que amplía los horizontes del universo de la serie.

TERCERAS PARTES NUNCA FUERON BUENAS

Esta nueva entrega inicia exactamente donde nos dejó la anterior: con el trío protagónico a punto de morir. Como era previsible, son rescatados a último momento y luego de algunas vueltas, regresan al reino… pero no por mucho tiempo. El resto de la temporada es básicamente una carrera desenfrenada a tontas y a locas. No queda muy claro a dónde quiere ir la chica de los grandes dientes ni por qué, pero allá va, a toda máquina, dejando en el camino varias botas y cualquier asomo de coherencia argumental. Para hacer la cosa aún menos interesante, Luci (Eric André) tiene muy poca participación, al menos hasta el final y Tiabeanie (Abbi Jacobson) debe arreglárselas solo con Elfo (Nat Faxon). Bueno, con Elfo y con un montón de secundarios, nuevos y conocidos, que aparecen hasta de debajo de la tierra, hacen algo (mayormente intrascendente) y desaparecen sin dejar rastros. El final probablemente sea lo mejor, no solo porque al fin se terminó tanto ir de un lado a otro como gallinas con la cabeza cortada, sino por el cliffhanger de rigor.

De todos modos, al terminar de verla tendremos en nuestro haber muchas más preguntas que respuestas, habremos visto pasar cantidad de personajes apenas bosquejados que aportaron poco o nada y habrá tantas subtramas inconclusas que ya no nos importará. ¿Hay un complot en la corte? ¿Oona (Tress MacNeille) es mala, buena, las dos cosas o ninguna? ¿El Príncipe Merkimer (Matt Berry) de pronto es astuto? Ya casi no importa.

COMO LOS SIMPSONS, PERO MÁS RÁPIDO

Pese al tropiezo inicial, (Des)encanto era una serie prometedora, pero al igual que su «hermana mayor», con cada temporada empeora, solo que mucho más rápido. Aún están a tiempo de dar un golpe de timón, organizarse un poco y abandonar la sucesión desordenada de gags para dedicarse a contar, al fin, una buena historia.

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