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Un viaje agradable y fantástico. Sandman Vol 1: Preludios y Nocturnos

Cómics

Un viaje agradable y fantástico. Sandman Vol 1: Preludios y Nocturnos

Aprovechando la primera edición nacional de la historia de El rey de los Sueños editada por OVNI Pres, Manuel Garcia Muro recuerda el clásico de Gaiman

A partir de la primera publicación nacional,  por parte de Ovni Press, de esta obra trascendental del género comiquero,  creo fundamental volver a hablar de ella ya que, a pesar de que termino en 1996 (de manera regular) no ha perdido la vigencia, el interés, y la importancia que la caracterizaron, al punto de convertirse en algo de culto y de una llegada más allá de su punto de partida. Por si alguno/a no adivinó, estamos hablando de The Sandman de Neil Gaiman.

Publicada a partir de 1989, por DC Comics, para después pasar a su famosa línea Vértigo (gracias Karen Berger), las historias de Morfeo,  Sueño u otros nombres con el que se conoce a la personificación antropomórfica  de los sueños mismos,  ha pasado desde el subgénero superheroico a ir alternando varios géneros al mismo tiempo. Su autor ha construido historias relacionándolas con elementos culturales tan diversos para finalmente dar forma a un proyecto mucho más ambicioso y que fue más allá de lo que se publicaba en su período y, desde mi punto de vista, de lo que se publica hoy en día en el medio de las viñetas.

Este primer arco comienza con nuestro mítico protagonista aprisionado por una secta durante setenta años. Al liberarse descubre que su reino está en ruinas, por lo que necesita de tres objetos  que le permitirán tener el poder para reconstruirlo. Acudiendo a las Benévolas, o Erinias, descubre algunas pistas para encontrar su bolsa de arena, su yelmo y su rubí. Asistimos a las apariciones de varios personajes que nos recuerdan en que editorial estamos, y de la cual Morfeo forma parte, por decir alguno, John Constantine, en el n°3.

Hablemos del guión. Gaiman entrega una obra que se lee fluidamente pero que entrega referencias populares como canciones, hasta críticas filosóficas  a los defectos humanos.  La atmósfera es agradable permitiendo sumergirte en un viaje placentero con los personajes, donde siempre se alimenta el deseo de querer saber más de ellos. Un protagonista que en búsqueda de sus objetos también busca recuperar su identidad, lo cual se nos va transmitiendo mediante soliloquios o monólogos internos. Los demás actores de esta historia nos son identificables por sus emociones, los seres ancestrales se humanizan, a las emociones se suman las conversaciones entre ellos tan naturales como las que dos familiares podrían tener cuando uno/a  de ellos/llas tiene problemas.

La parte gráfica es algo criticado al principio, ojo, aclaremos, las portadas de Dave Mckean no entran en estas críticas, lo que usualmente es punto de conflicto es el caso Sam Kieth.  En un primer momento el arte interior de la obra iba a estar a cargo de Mike Mignola (Hellboy) pero fue despedido por incumplir con los plazos de entrega, ahí es cuando la editora recomienda  a Sam Kieth, quien nunca se llevo bien con la historia (según palabras del propio Gaiman, todos los involucrados en la obra tiraban en direcciones opuestas). Al llegar el tercer número Kieth anunció su retiro aludiendo sentirse “en la banda equivocada”, no por tener conflictos con los demás participantes sino con la propia obra en sí. Mike Dringenberg, quien entintaba los lápices, paso a éstos, y las tintas fueron heredadas por Malcolm Jones III. Pasado en limpio este embrollo, debo  decir que me encantó el dibujo de Sam Kieth en la primera etapa, es genérico y no te sumerge en el mundo que se narra, pero tiene cierto encanto.  No te lleva muy lejos del realismo y logra que los personajes fantásticos se vean como algo fuera de lo común (debo ser el único que sintió bien el trabajo de los primeros cinco números, además de Gaiman, pero no creo que lo narrado quede limitado por lo gráfico). También es cierto que tras la partida de  Keith,  Dringenberg logró una transición cómoda.

Concluyendo, Sandman es una obra que recomiendo plenamente, mucho más ahora que es sencillo saber por dónde empezar. La advertencia seria no leerla solamente una vez, sino ir releyendo la obra cada tanto, para ir descubriendo no solo las referencias sino las enseñanzas que la obra brinda. La misión es disfrutar el viaje por los mundos que el rey de los sueños presenta.

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