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¿Es posible desmitificar la figura de Jordan?

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¿Es posible desmitificar la figura de Jordan?

Critica de “The Last Dance”, documental centrado en la figura del baloncesto e icono de los Bulls de Chicago.

Hace tiempo entendimos que cada espectador tiene sus propios gustos, incluso las propias plataformas de streaming suelen sugerir lo que podría interesarle a cada uno de sus usuarios de manera bastante precisa. Sin embargo es una materia pendiente el “cita obligada” que debería aplicarse a ciertos productos verdaderamente esenciales e imposibles de pasar de largo.

Uno de ellos es la serie documental “The Last Dance” centrada en la figura del baloncesto Michael Jordan y sus Bulls de Chicago a la que dedicaremos las siguientes líneas.

Durante cinco semanas, estrenándose dos episodios cada domingo en los Estados Unidos por ESPN y el lunes siguiente a través de Netflix, hemos podido disfrutar de una autentica obra maestra que se encumbrará, no me queda la menor duda, entre los mejores documentales de la historia (y no me refiero solo al deporte).

Sin descubrir absolutamente nada su director Jason Hehir (un veterano de las series 30 for 30 y UFC Primetime) nos regala más de 10 horas en las que enaltece la figura de Jordan y la dominación que sus Bulls (con la obtención de 6 anillos en 8 años) infringieron a la NBA durante gran parte de los noventas.

Lo hermoso es que lo consigue sin dejar de teñir de grises a su protagonista, embarrando en numerosas ocasiones la cancha. En este tipo de productos (de hecho en casi todos) hay condicionamientos pero aquí los mismos eran, créanme, demasiados. A la incidencia de las propias productoras ESPN y Netflix se sumaban las de la NBA, los dueños de los Bulls y sobretodo la del propio MJ que con su compañía JUMP23 podía incidir en el corte final.

Así y todo el producto acabado está a la altura de la leyenda presentando un excepcional trabajo de investigación que documenta el carácter competitivo de Jordan, la relación por momentos conflictiva con sus compañeros (muchos de ellos no guardan el mejor de los recuerdos), sus problemas con las apuestas, la sospechosa muerte de su padre y su relación con unos medios que enaltecieron su figura y que por momentos parecía que debía rendirles cuentas.

El documental adopta como recurso presentarnos una línea de tiempo que nos permite viajar constantemente desde el fin de los días de gloria, el presente de 1998, al pasado tanto del equipo como de los jugadores. Una técnica nada novedosa pero muy efectiva para plasmar las diversas declaraciones y entrevistas. Hay anécdotas y recuerdos que son una maravilla, incluso el documental atesora quizás una de las últimas entrevistas de Kobe Bryant antes de su fallecimiento. Grandes testimonios acompañados por una aún más inmensa edición. En ciertas ocasiones al propio MJ le acercan una tablet para que ofrezca en vivo y en directo una devolución frente a dichos de terceros. Muy buen acierto.

El éxito del documental  también responde a su tono intimista. Las cientos de horas filmadas por un equipo que lo hizo día tras día durante el último año, nos acerca a un punto en el que casi parecemos compartir vestuario. Está lleno de pequeños momentos que lo son todo: el llanto quebrado de MJ tirado en el suelo abrazando la copa tras el asesinato de su padre es solo un ejemplo.

Hay figuras con un peso marcado y obligado en el desarrollo (que se nota sobre todo en los primeros episodios) como Scottie Pippen, Dennis Rodman y Phil Jackson pero que paulatinamente comienzan a brindar espacio a las pequeñas historias y la gesta deportiva de manera grupal. Mención aparte merecen los tratamientos a jugadores como Steve Kerr y en menor medida Tony Kukoc.

Un producto necesita imperiosamente que los villanos estén a la altura del héroe. El documental cumple con la premisa avanzando en dos aristas. La primera de ellas tiene que ver con Jerry Krause, manager general de los Bulls, que mantuvo siempre una relación conflictiva con el grupo al encargarse no solo de los contratos sino del armado del grupo. Señalado por muchos como el principal culpable del desmembramiento del equipo luego de la obtención del sexto título, lo cierto es que muchas de sus decisiones no estuvieron del todo erradas porque a fin de cuentas lo económico prima la mayor parte del tiempo. Su filosofía era simpe “los equipos exitosos se construyen con el trabajo de todos” y no estaba tan equivocado. El malvado más claro, víctima de burlas, enojos y discusiones. Por el contrario, Jerry Reinsford, dueño de los Bulls, irónicamente siempre queda bien parado. En fin.

La segunda presencia “villana” es una amalgama perfecta que tiene que ver con el carácter hipercompetitivo y enfermante de MJ. Bien podría ser también su propio villano, adoptando actitudes, como mencionábamos unos párrafos más arriba, que lo alejaban del concepto de “líder” por lo menos saludable. La idea de que el fin justifica los medios sobrevuela el documental sobre todo cuando evidencia los malos tratos y las exigencias de Jordan con sus compañeros y colegas. Un ser brillante, pero en demasiadas ocasiones casi tiránico. Ese carácter competitivo lo llevo a crearse acérrimos enemigos dentro del juego. Los malvados se sucedían a través de los años. Jordan no podía ser menos que nadie, y eso lo enfrento a jugadores como Charles Barkley, Clyde Drexler, Horace Grant, Gary Payton, Reggie Miller y equipos enteros como los Pistons. Si bien son elementos sobre los que suelen construirse los relatos de ficción aquí dan la impresión de que fueron totalmente verdaderos.

“The Last Dance” intenta desmitificar a uno de los mejores deportistas del mundo, emblema del mejor equipo de basquet de la historia. Es solo un ejercicio entretenido porque todos sabemos que es imposible. Existe un antes y un después en el deporte tras su aparición, no solo por su condición inigualable como atleta sino en lo económico. No existió empresa que no ansiara contar con su cara, todos querían ser Jordan, prueba de ello son los números de venta de sus zapatillas Air Jordan. Nike no sería lo que es sin la existencia de MJ. Y lo bueno es que el crecimiento de su figura no necesito la existencia de redes sociales.

Un documental que se convirtió en un fenómeno sin precedentes, récord de audiencia, recomendadísimo incluso para aquellos al que el juego no les provoca nada.

Jordan desde su casa en la playa acompañado por un habano y un escocés repasa su historia y la última edad de oro de la NBA y reafirma esa vieja premisa con la que Richard Donner nos presentó a Superman en 1978: “creerás que un hombre puede volar”.

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Su título reza que es periodista, casi un 007, pero es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que todavía sueña con lo que va a ser cuando sea grande.

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