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¿Existe alguna magia para mantenernos despiertos?

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¿Existe alguna magia para mantenernos despiertos?

Cristian Oliva reseña “The Witcher” una de las apuestas fuertes de la plataforma Netflix protagonizada por Henry Cavill.

Muchos dirán que aún no es momento de brindar conclusiones, pero lo cierto es que uno de los saldos finales de la extensa cuarentena es sin dudas el permitirnos ponernos al día con muchos de los productos de consumo casi popular que hemos ido posponiendo a lo largo de los días.

El que nos ocupa el día de hoy es, económicamente hablando, una de las apuestas más fuertes de la plataforma productora de contenidos Netflix. Hablamos de The Witcher, serie de apenas 8 capítulos estrenada el pasado 20 de diciembre de 2019 que llegó con todas las intenciones de recoger el guante dejado por la tristemente finalizada Game of Thrones por lo menos en lo que refiere a épica medieval de características fantásticas.

La serie está basada en la saga de libros del mismo nombre escritos por el autor polaco Andrzej Sapkowski (el estornudo siempre en el codo) que fueron publicándose durante la década del noventa totalizando un total de diez libros. Es menester la aclaración puesto que hay una creencia instalada de que la saga tiene una fecha fundacional que responde a la salida del videojuego de rol en 2007, nada más lejano que eso.

Los números iniciales de vistas terminaron de confirmar los buenos augurios de Netflix que apenas unos días después confirmo una segunda temporada (y podrían ser, de acuerdo a su showrunner, siete en total) de la que aún no sabemos su fecha de estreno. Para reafirmar estos números basta mencionar que sobre el cierre del año en popularidad solo era superada por los pesos pesados de The Mandalorian y Stranger Things.

Así llegamos a la pregunta, ¿los números son consecuencia de una serie entretenida y sólida?

Pues no.

Henry Cavill da forma al protagonista de la serie, Geralt de Rivia un brujo errante con la tarea de matar monstruos a cambio de dinero. Un aparente desarrollo simple que incluso se reafirma con el transcurso de los primeros episodios (y aquí vale insistir que son apenas 8) donde Geralt emprenderá siempre una nueva aventura. Con ella se desarrollarán, de fondo y de manera confusa, dos tramas enfocadas en la intensa Yennefer de Vengerberg (Anya Chalotra) que emprende una transformación física y de carácter como hechicera; y la joven princesa Cirilla Riannon (Freya Allan) dueña también de un poder algo fluctuante.

No hay que ser mago ni hechicero para darse cuenta de que los caminos de estos tres personajes se cruzaran sobre el final de la temporada, pero todo este camino se torna cuanto menos denso.

El escaso ritmo se pierde entre la mención y presencia de mitos y personajes que poco tienen que ver con la trama principal. Hay mucho, demasiado para el ojo común que es al que apunta sin dudas la serie. Aquellos fanáticos de la historia original (que no creo sean muchos en este país) recibirán esto con mayor simpatía y predisposición, pero para el resto de los mortales será una completa pérdida de tiempo.

El ¿ex? Superman con su actuación no ayuda, pese a que el personaje en sí mismo es tosco e inexpresivo, Cavill no consigue dotar al personaje de rasgos que consigan empatizar con el público. Físicamente está muy bien, no hay reproche, de hecho, debe ser uno de los puntos más destacables, un casting perfecto, pero siempre da la sensación de que algo le falta, algo no termina de cerrar y frente a esto todas y cada una de las falencias de la serie se tornan más notorias.

Un desarrollo demasiado pausado, que es vale mencionarlo, acompañado por unas buenas coreografías y escenas de acción. Curiosamente el inicio de la serie ofrece una de las mejores secuencias donde Cavill se planta, con altas dosis de violencia, frente a frente con una de las tantas criaturas. Un inicio prometedor, donde comenzamos a notar que la lucha cuerpo a cuerpo al bueno de Henry se le da muy bien (hay quienes afirman que la mayor parte de las escenas de riesgo fueron realizadas por el propio actor).

Enseguida el letargo, la pausa, la desconexión confusa tanto de los personajes como de las líneas de tiempo. Sobre el final las cosas se acomodan, pero dando siempre la sensación que ya es demasiado tarde.

Cuesta tanto entrar en ese universo, que de tener la posibilidad de acomodar la serie en una estantería lo haría en el lugar en el que están los productos apuntados al público adolescente. En esta primera visión The Witcher parece tener más cosas en común con “Buffy la cazavampiros” que con “Game Of Thrones”.

Los efectos especiales y los escenarios en líneas generales si bien cumplen presentan algunos altibajos notorios como el diseño de los dragones en el episodio 6. Unos dragones que al día de hoy compartirán el premio al peor diseño junto con “Falcor”, el perro dragón de “La Historia sin fin”.

The Witcher está lejos de ser la épica de aventuras que prometían muchos, dando, como mencionábamos, la impresión de satisfacer las expectativas de un público adolescente más que adulto. Es desconcertante en un comienzo, pero una vez que las piezas encajan se convierte en una historia interesante. Si la paciencia lo permite y no se pierden en el camino quizás puedan disfrutarla.

Su título reza que es periodista, casi un 007, pero es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que todavía sueña con lo que va a ser cuando sea grande.

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