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Los de arriba y los de abajo

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Los de arriba y los de abajo

Damian Pettinari nos reseña “El Hoyo”, opera prima del director vasco Galder Gaztelu-Urrutia que se ha convertido en un verdadero éxito.

El hoyo (2019). Duración 94 min. País España. Dirección: Galder Gaztelu-Urrutia. Guion: David Desola, Pedro Rivero. Reparto: Ivan Massagué, Zorion Eguileor, Antonia San Juan, Emilio Buale, Alexandra Masangkay, Eric Goode, Algis Arlauskas, Miriam Martín, Óscar Oliver. Género: Ciencia ficción. Thriller | Distopía. Supervivencia. Gore.

 

 

“a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar si los afligidos, encadenados y opresos que encuentren por los caminos, van de aquella manera o están en aquella angustia por sus culpas o por sus gracias; sólo les toca ayudarles como menesterosos, poniendo los ojos en sus penas,” (PRIMERA PARTE, Capítulo 30 – EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA de Miguel de Cervantes)

Creo que el indudable encanto que tienen las distopias se debe a que el tecnocapitalismo posmodermo al que día a día sobrevivimos (no todos, demás está decir) es una enorme y amarga distopia, oculta detrás de ese capcioso metarrelato que es el progreso ilimitado que enriquece a toda la humanidad. Cualquier buena distopia es un lindo descanso de la que retorna cuando se apagan las pantallas o se cierran los libros.

El Hoyo (2019, Basque Films / Mr Miyagi Films) opera prima de Galder Gaztelu-Urrutia, nos encierra en un rascacielos de estructura carcelaria, con un hueco central, por el que recorre una plataforma devenida en banquete, objeto de máxima importancia para el sistema.

Goreng (Ivan Massagué) despierta en el nivel 48 del Hoyo y recibe de su compañero Trimagasi (Zorion Eguileor) la información de que están a principios de mes y la pregunta es: ¿qué van a comer? A este personaje, que podríamos definir como cínico, si no fuera la expresión del mas tenebroso sentido común, la respuesta, como casi todas, le resulta obvia, “lo que le sobra a los de arriba”. El énfasis puesto en la palabra “obvio” cristaliza la naturalización de las injusticias impuesta por el ideario neoliberal. Cualquier referencia a la solidaridad es tildada de “comunista”, y como es “obvio” nadie escucha a los comunistas. Las dictaduras asumen la figura de lo habitual, se inscriben como cotidianeidad. La dictadura de la obviedad.

Algún que otro encuadre del film puede recordarnos a Cube (1997 – Vincenzo Natali), película de culto de mediados de los 90, pero no pasan de ser semejanzas estéticas. Si se observan fuertes influencias del corto Next Floor (2008, Denis Villeneuve) en parte del planteamiento de la historia y en planos sugestivamente similares. Mas allá de eso, la idea sobre la que se basa la propuesta, una especie de sádico dispositivo (¿resocializador?) que replica las iniquidades sociales, resulta francamente original.

Después de ganar varios premios en festivales internacionales, Netflix, esa otra estructura carcelaria, compró los derechos para su distribución.

Uno de los puntos fuertes de la realización son los diálogos, que tienen una mordacidad que nos recuerda al mejor De La Iglesia. El tío Alex también recibe un guiño en aquellas escenas donde las ensoñaciones (o la locura)  de Goreng vuelven a traer al guion a los muertos, de igual modo que en Crimen Ferpecto, esa magnifica comedia negra de 2004, donde Luis Varela personificaba a un inolvidable fantasma alter ego,

También es para destacar la puesta en escena y los efectos especiales, habiendo resultado galardonados por esas categorías Mario Campoy e Iñaki Madariaga en los Premios Gaudí, Goya y en el Sitges Film Festival.

En una atmósfera oscura y enrarecida, Goreng se aferra al único objeto que pudo ingresar al Hoyo, un ejemplar de El Quijote. Desde el comienzo cuestiona la lógica individualista y antisocial con la que toda la población del Hoyo se comporta. Este hidalgo caballero posmoderno se enfrenta a un poder desconocido, la administración. Un poder disciplinario que no puede ser enfrentado sin un actuar en común y una acción estratégica, de hecho Imoguiri, el personaje de Antonia San Juan intenta, sin mucho éxito, algo parecido. Los sometidos consideran al Hoyo un orden natural, donde el otro es un enemigo que nos aleja de la supervivencia. Sin dudas este Quijote quiere cambiar las cosas, busca la justicia como ideal. La Administración es su gran molino de viento, quizás uno demasiado poderoso.

Sin opacar las virtudes del resto del metraje, su abrupto cierre no está al mismo nivel. El final es poco menos que decepcionante. Puede ser rico en interpretaciones, porque es jodidamente abierto, pero deja la sensación de ser una oportunidad perdida.

Periodista.

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