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Cómo aburrir contigo mismo

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Cómo aburrir contigo mismo

Netflix estrenó una dramedy protagonizada por Paul Rudd y allá fue el Doc, loco de contento a verla. Pero se llevó un chasco.

Miles Elliot (Paul Rudd) la está pasando muy mal. Él, que alguna vez ganara el Lápiz de Oro como publicista, ahora no puede sacar ni una campaña exitosa. Su matrimonio con Kate (Aisling Bea) está tan estancado como su carrera profesional, agotado por la rutina y lo que parecen ser problemas de fertilidad. Miles sabe que está en el fondo del pozo, pero intenta salir cavando. Hasta que un compañero de trabajo llamado Dan (Desmin Borges) comparte con él el secreto de su éxito: un revolucionario Spa que posee innovadoras técnicas para lograr que cada persona alcance el máximo de su potencial. Miles se somete al tratamiento, se duerme en una camilla y al momento siguiente, despierta… en una bolsa, enterrado en el bosque.

Tras algunas peripecias, logra volver a su casa, solo para descubrir que ya está allí. Y es que el spa al que acudió no es tal, sino un laboratorio clandestino que ha desarrollado un método de clonación ultrarrápido combinado con transferencia inmediata de memoria. Cada cliente es clonado, sus recuerdos son transferidos al clon y el original se desecha. La copia sin embargo, no es idéntica al original, sino superior en todos los aspectos: física, mental e incluso moralmente. Miles pronto descubrirá que es difícil competir con otros, pero competir con una versión mejorada de uno mismo es prácticamente imposible.

PERROS VIEJOS, TRUCOS… IGUAL DE VIEJOS

Viendo ya sea la serie o el breve resumen que de ella he hecho (y que no cuenta como spoiler, ya que abarca los hechos del episodio piloto), parece que estamos ante una mezcla de Mis otros yo (Multiplicity, 1996) con El sexto día (The 6th Day, 2000). Quizás con un porcentaje más alto del film protagonizado por Michael Keaton que del de Schwarzenegger. Cualquier pretensión de realismo que pudiera esperarse ha sido echada por la borda desde el inicio, pero eso no es en absoluto malo: lejos de intentar mantener el misterio, la serie nos da una explicación de lo sucedido al protagonista y esta es tan inverosímil que resulta evidente que el eje del producto es la comedia, no la ciencia ficción. Así que dejemos de lado nuestro sentido de la incredulidad (casi como si estuviéramos viendo La Casa de Papel) y dispongámonos a echarnos unas risas.

Y allí es dónde comienza realmente el problema. Como comedia, Living with yourself resulta algo pretenciosa. No voy a negarles que tiene sus momentos, situaciones en las que a uno se le escapa la sonrisa, aunque jamás la carcajada, pero es al intentar añadirse profundidad cuando no sale del todo bien parada. Al verse enfrentado a una versión mejorada de sí mismo, Miles intentará competir, intentará aprovecharse, incluso intentará sabotearlo aunque esto signifique sabotearse a sí mismo. Estas situaciones son un buen recurso humorístico, pero terminan desperdiciadas tratando de aleccionar al televidente, de enviarle un «mensaje» sobre la autosuperación, la alienación y lo verde que está siempre el césped del otro lado del alambrado.

LIVING WITH YOURSELF

Y QUIZÁS EL CABALLO SILBE

Las actuaciones son muy buenas, con un Paul Rudd impecable, que realmente logra hacernos sentir constantemente que hay dos personas en escena. Tiene un par de personajes secundarios interesantes que no se explotan debidamente y escenarios como el del Spa o la sala de interrogatorios que prometen pero a los que no se les permite desarrollarse. Quizás se trate de una cuestión de presupuesto o quizás simplemente no tengan claro a dónde ir. Además de sus pretensiones de dejarnos un mensaje, el guión abusa un poco del recurso de mostrarnos una misma escena desde dos puntos de vista, lo que al principio resulta simpático, pero tratándose de una serie tan corta (apenas ocho episodios de más o menos media hora) ralentiza demasiado el avance de la trama. Al menos el apartado técnico es fabuloso, consiguiendo una perfecta integración en las escenas en las que el actor realiza ambos papeles. Chapó por el continuista.

La temporada cierra con un monstruoso cliffhanger, lo que hace suponer que contará con una segunda entrega. La serie no es en sí mima mala, puede ser que mi balance más bien negativo se deba a que le había puesto demasiadas fichas, pero si enderezan el rumbo, ponen el acento en la comedia y desarrollan mejor a los secundarios, el resultado sería un producto muy superior. De todos modos, Paul… te seguimos queriendo.

 

 

 

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Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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