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Marianne: la terreur française

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Marianne: la terreur française

Netflix estrenó una miniserie que encarna lo mejor del terror francés, o como le dicen ellos «le juelepè».

Emma Larsimon (Victoire Du Bois) dejó su pueblo natal de Elden hace quince años para convertirse en escritora de novelas de terror. Su gran éxito es la saga centrada en la figura de Marianne (Délia Espinat-Dief), una poderosa bruja que, privada de su cuerpo, sobrevive poseyendo a otras personas y doblegándolas a su voluntad. Una sola cosa no le está permitido hacer a Marianne: mentir sobre su nombre. Cualquiera sea el cuerpo que habite, si se le pregunta «¿Eres Marianne?» responderá con la verdad. La némesis de la bruja y heroína de los libros es Lizzie Larck, quién ha combatido incansablemente a la hechicera, novela tras novela. Hasta hoy. Porque hoy, Emma ha decidido publicar la cuarta y última parte de la saga, en la que mata a ambas protagonistas.

Pero Marianne no quiere morir. Ella necesita que Emma siga escribiendo, porque como la autora está a punto de descubrir, los límites entre criatura y creadora, entre ficción y realidad son muy difusos, tan difusos como los límites de la cordura. Para encontrar la verdad, Emma deberá volver a su pueblo y reencontrarse con sus padres, con el cura, con «La Banda del Naufragio» (sus amigos de la infancia) y sobre todas las cosas, con sus pesadillas, a las que lleva una década y media exorcizando a fuerza de escribirlas… y de marinarlas abundantemente en alcohol.

ESO, ESO, ESO (IT, IT, IT)

Esta miniserie francesa original de Netfix abreva en obras clásicas del cine de terror, con una marcada influencia de Stephen King. Como en It, tenemos un grupo de niños (adolescentes en este caso) que enfrentan un poder sobrenatural al que tendrán que volver a combatir en su adultez. Como en Misery, tenemos un autor obligado a revivir un personaje al que dio por muerto. Y no hay que buscar demasiado para encontrar otras muchas referencias. Cuando la secretaria de Emma, Camille (Lucie Boujenah), atiende el teléfono recuerda el inicio de Scream (Scream, 1996), de Wes Craven; hay ancianos desnudos haciendo cosas extrañas al igual que en Los huéspedes (The Visit, 2015) de M. Night Shyamalan y planos aéreos de un coche perdiéndose en la nada o un rostro desencajado asomando de una puerta al estilo de El Resplandor (The Shining, 1980) de Stanley Kubrick.  A decir verdad, la historia está conformada con la mayoría de los lugares comunes del terror clásico: el pueblo pequeño, el faro, el cura, la bruja, el demonio, el exorcismo… pero por una vez no voy a quejarme de esto.

Es que el fuerte de esta serie no es la innovación sino la forma en que logra un producto de calidad a partir de situaciones y personajes que podríamos considerar «repetidos». Como un chef que toma una vieja receta y le da un nuevo sabor, tan solo usando ingredientes de calidad y quizás condimentando un poco aquí y un poco allá, así los guionistas aprovechan todo aquello que nos asustó en el pasado para lograr que nos asuste de nuevo, como la primera vez. Incluso más.

Mucho tienen que ver con este logro la excelente fotografía, la buena elección de la música, la cuidadosa generación de climas, y sobre todo las actuaciones. Esto no es La maldición de Hill House (2018 – ), a excepción de Emma y Marianne los protagonistas no tienen un trasfondo muy elaborado, pero logran trasmitirnos exactamente lo que necesitamos sentir por cada uno. Sonreiremos con el cholulismo y las pequeñas mañas del Inspector Ronan (Alban Lenoir). El secreto amor de Aurore (Tiphaine Daviot) nos quemará. Sufriremos el dolor de Séby (Ralph Amoussou). Pero por encima de todo, no lograremos sacarnos fácilmente de la cabeza el rostro de Madame Daugeron (Mireille Herbtmeyer) y su desquiciada sonrisa.

FINALES ABIERTOS NUNCA FUERON BUENOS

Una sola cosa tengo para reprocharle a esta miniserie y es su evidente intensión de sacarse de encima el «mini». A mi entender, los ocho episodios de la temporada alcanzaron perfectamente para contar la historia. Terminaba en forma redonda, pero como uno se ve venir al notar que aún quedan como diez minutos de metraje, hay una revelación final que deja abierta la puerta (y todas las ventanas) para una segunda parte que por más que sea bienvenida por los fans, me parece completamente innecesaria. Me encantó esta historia. Terminaba bien. ¿Por qué extenderla? Ah, sí… el señor billetín.

De todos modos es un detalle no solo menor, sino comprensible. En el peor de los casos, si creen que van a sentir lo mismo que yo… dejen de verla unos minutos antes y hagan de cuenta que terminó allí.

Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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