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Frontera Verde: un policial que está fantástico

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Frontera Verde: un policial que está fantástico

Una breve historia, una breve reseña y muchos elogios.

Puerto Manigua, Colombia. Un grupo de mujeres blancas pertenecientes a una orden religiosa aparecen muertas en la selva. La policía local decide desde el inicio que no vale la pena profundizar en la investigación, pero la capital envía a la detective Helena Poveda (Juana del Río) que nació en la zona, aunque tras la muerte de su madre se trasladó a Bogotá, para que se haga cargo del caso. Su compañero será Reynaldo Bueno (Nelson Camayo), un hombre de origen Nai que fue expulsado de su comunidad y cuyos miembros ya no lo reconocen como uno de los suyos.

Siguiendo las pistas, ambos policías descubrirán la existencia de dos extraños personajes: Yua (Miguel Dionisio Ramos) y Ushë (Ángela Cano), Los Eternos. Yua es un Arupani y Ushë una Mananuc y ambos guardan el secreto de la Manigua, el espíritu ancestral que conecta a toda la Amazonia y sus habitantes. La Manigua está en peligro y como no podía ser de otra manera, el culpable es un hombre conocido como El Demonio Blanco.

POCO QUE DECIR, PERO TODO BUENO

Frontera verde es una miniserie de apenas ocho episodios, de entre cuarenta y cincuenta inutos de duración cada uno. Aparentemente es autoconclusiva, aunque no costaría mucho darle continuidad. El elenco está compuesto de actores y actrices colombianos e indígenas, con excepción del villano, Joseph Schultz (Bruno Clairefond) y además del español, el portugués y el alemán, se utilizan ampliamente dialectos indígenas como el Tikuna y el Huitoto, lo que es un gran acierto y la dota de un realismo que no tendría si los miembros de las tribus hablaran constantemente en castellano.

La dirección está a cargo de uno de los realizadores más importantes de Latinoamérica, Ciro Guerra, cuya película Waiting for the Barbarians, con Johnny Depp y Robert Pattinson compite por el León de Oro. Lo acompañan Laura Mora y Jacques Toulemonde. Los productores son Mauricio Leiva-Cock y Jenny Ceballos, quienes ya trabajaron con la plataforma en Narcos, a los que se les une Diego Ramírez Schrempp.

La trama entrelaza hábilmente el pasado y el presente, la investigación policial y lo fantástico, la muy terrenal corrupción policial y la espiritualidad de la comunión con el planeta. El relato toca temas actuales: el exterminio y la opresión de las comunidades nativas por parte del hombre blanco, la deforestación, el tráfico y cómo las autoridades hacen la vista gorda ante todo eso, cuando no lo incentivan activamente. No es casual que todo se inicie con una serie de femicidios: entre 2017 y 2018, en Colombia fueron asesinadas 1.724 mujeres, mayormente de entre 20 a 24 años. Pero también construye una elaborada mitología, según la cual en el Amazonas existe una puerta de entrada a otro mundo conocido como el Espacio de las Luces o El Taller de los Dioses, un ámbito superior, una especie de plano ultraterreno que influye sobre la Manigua y «da forma al mundo».

No encuentro mucho que criticarle, realmente. Quizás el que hayan caído en la tentación de meter a los nazis en el ruedo, cosa que ya está empezando a aburrirme por demasiada vista. Sin embargo, dada la ubicación temporal y la necesidad de mezclar ciencia con fantasía, la elección de los nacionalsocialistas como villanos era obvia.

El final no es ni muy cerrado ni muy abierto, es más bien repentino… aunque esa también es una buena decisión.

 

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Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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