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#Entrevista a Fernando Baldó

Cómics

#Entrevista a Fernando Baldó

Durante la novena edición de Crack Bang Boom, tuvimos oportunidad de conocer a Fernando Baldó, uno de los creadores más interesantes del panorama actual en la historieta nacional, ya sea a través de sus muchas colaboraciones con el guionista Diego Agrimbau, o sorprendiendo como un personalísimo artista integral. El resultado de dos largas charlas con él, a continuación

-Tu estilo de dibujo es medio difícil de definir, ¿cuáles fueron tus influencias en este sentido?

-Mis influencias son de todos lados. Así como hay colegas cuyo estilo es muy identificable, yo la verdad que no, no tengo un estilo definido, porque siempre me gustaron cosas muy diferentes, tanto para leer como para ver y hacer. Me gusta variar, cambiar el registro del dibujo, un poco de realismo a veces, a veces algo más estilizado. Variar tanto en lo estilístico como en el tipo de color, no sé si porque me aburro o no, pero me gusta todo en general, por eso trato de ir cambiando según los trabajos. Mi primera influencia directa y evidente desde chiquito fue mi hermano, que dibujaba espectacular, Daniel Baldó, publicó un par de historietas cortas en la primera Fierro. Yo me sentaba al lado suyo y trataba de copiarlo. Después uno va creciendo y descubriendo, los superhéroes, el cómic europeo. Si te empiezo a tirar nombres no termino más.

-Lo primero que recuerdo haber visto tuyo fue una historieta autoconclusiva que salió en Comic.Ar, a raíz de que resultaste ganador del concurso que ellos habían organizado. ¿Hay algo anterior a eso?

-Sí, hay publicaciones para la revista erótica Kiss Comic, de España con guiones de Diego Agrimbau, esos fueron mis primeros trabajos pagos. Después, hay algunas historietas cortas propias, me acuerdo de una en particular, de ocho páginas, a la que le tengo mucho cariño, porque me tardé mucho tiempo en concretarla, y como que me dio el espaldarazo para seguir haciendo esto, porque ganó un premio en España. Salió en una antología allá, y después acá también.

-Compartiste estudio con Diego Agrimbau durante bastante tiempo, ¿cómo surgió esa posibilidad?

-No me acuerdo bien qué año fue, yo venía de un período muy negro, turbulento, y estaba buscando algún lugar para trabajar. Un día leo una entrevista que le hacen a él en una revista que se llamaba Sacapunta Cómics, edición digital, que sacaba la Asociación de Dibujantes de Argentina, A.D.A. Ahí es como que lo descubrí de alguna manera, empecé a ver que estaba publicando en Francia La burbuja de Bertold, vi que estaba haciendo las cosas que me gustaban hacer a mí en ese momento. En unos avisos que salían, también, en el correo de la A.D.A. encuentro que estaba buscando un compañero de estudio. Yo dije: ‘buenísimo, quiero estar cerca de este pibe, que la tiene clara’. Cuando veo el barrio en el que se ubicaba el estudio, era a tres cuadras de dónde yo vivía, así que fui. Me acerqué, tuvimos una charla, él tenía otros candidatos también dando vueltas, pero por las características que tenía yo  y la cercanía, se terminó de decidir por mí y así fue que empezamos a compartir el estudio.

-Entonces vino Los Autómatas del Desierto, ¿de qué forma se gestó ese proyecto?

-Eso fue parte de una convocatoria, un concurso de una editorial española, que nos pareció interesante, era la posibilidad de trabajar en algo por fuera de lo que veníamos haciendo,  historietas eróticas. Dado que él ya tenía una idea para la historia, que me encantó, me pareció buenísima, y que las bases exigían una muestra de 16 páginas, las hice. Las mandamos, ganó el concurso, pero una parte del premio era la publicación y justo cuando iba a publicarse, por la crisis económica de España, la editorial quebró. No sé qué pasó, pero al menos cobramos nuestra parte. Y terminó saliendo primero en nuestro país, años más tarde, a través de Historieteca, la editorial de Marcelo Pulido.

-¿Cómo lograste congeniar la reconstrucción de época con el toque fantástico que propone el guión?

-Era algo ambiguo, sí. Pasa que para esa época yo ya había laburado bastante haciendo story boards, ese tipo de trabajo requiere el uso de referencias y estar atado a ciertas imágenes. Entonces cuando yo me meto a hacer historieta, en general intento hacer cosas que me diviertan, tratando de alejarme de esas ataduras. Pero en este caso era muy interesante, desde el mismo punto de partida, una ucronía que arranca en la Segunda Guerra Mundial, pero se va mezclando con cosas fantásticas, entonces no me pesó tanto tener que copiar los trajes de los nazis y demás. La verdad es que lo disfruté muchísimo, tenía la libertad de hacer los robots que quisiera, con ese aspecto de ropajes primitivos, antiguos, mezclados con engranajes y eso. Eran bastantes páginas, cien, pero traté de buscarle la vuelta para poder avanzar, si no iba a tener que desarrollar demasiado nivel de detalle. Busqué un estilo que fuera resolutivo.

Creo que ahí noté por primera vez el buen laburo tuyo con el gris, que generalmente se usa como un color más. Vos lo utilizás de otra forma, dándole un volumen y trascendencia notables, ¿de dónde viene eso?

-¡Qué buena pregunta! Yo ya hacía un tiempo que venía trabajando digitalmente, entonces eso es un recurso más. Me pareció interesante explorarlo un poco, sobre todo para generar profundidad, ¿no? Porque entintar lo vas a entintar igual, entonces si en vez de negro ponés un gris, te gana, podés hacer un primer plano, segundo, y vas haciendo las gradaciones de gris y en algunos casos queda interesante, funciona bien. En otros no tanto. Uno cuando hace historieta se tiene que tratar de divertir, si eso no pasa, se termina notando en el resultado final del trabajo. De eso se trataba un poco, encontrarle la vuelta para que te estimule hacerlo.

-Después, se da una situación inversa, en la que vos terminás convocando a Diego Agrimbau para colaborar con el diario Tiempo Argentino, en una tira.

-Sí. En algún momento cuando nace el diario, hay una convocatoria de historietistas para la contratapa. Alguien contacta a Andrés Accorsi para acercar una lista de diez posibles dibujantes. El coordinador del proyecto, por alguna razón estilística, supongo, me eligió a mí. Voy a una entrevista y en un principio, la intención de ellos era que yo me encargue de una tira diaria como autor integral. En ese momento me dio vértigo porque la verdad que no era lo mío, no iba a sentirme cómodo, representaba todo un desafío. Aparte, la premisa era que los protagonistas de la tira fuesen canillitas, nunca supe exactamente por qué era un requerimiento tan específico, supongo que querían caerle simpáticos a ellos para posicionar de alguna manera al diario y que se venda. Entonces no lo pensé dos veces, se lo propuse a él, que sabía que nunca había tenido oportunidad de hacer una tira. Por suerte aceptó, se copó y terminó haciéndose cargo del guión, yo me dediqué solamente al dibujo.

-De ahí surge Los Canillitas, que tiempo después se recuperó en una coedición entre Locorabia Editora y Grupo Belerofonte y, posteriormente, la tira Vida Diaria, que acaba de ser recopilada por Comic.Ar en el tomo titulado Dobles, ¿no?

-Claro, tal cual. La primera versión de Los Canillitas llegó a compilar solamente una de las historias. Fueron varios años de la tira, que salía todos los días, de Lunes a Domingo. Eso se fue acumulando y hay todavía mucho material pendiente, tenemos un montón acumulado. Se editó apenas una partecita, tanto de Los Canillitas como de Vida Diaria, que salió ahora por Comic.Ar y estamos contentos con esa edición.

-En el medio un proyecto personal tuyo, Hostil y abyecto, que nació en un blog y quedó sin final hasta que llegó al papel. Contame un poco acerca de este trabajo.

-En un principio, te diría que nace de manera bastante inconsciente, yo venía de algunos años muy turbios, oscuros, con mucha carga negativa, bastante enojado con la vida en general. Ya compartía el estudio con Agrimbau y en ese tiempo surgió el blog Historietas Reales, por lo que pensé que hacer una página por semana era un buen ritmo de producción, no me demandaba tanto tiempo, había que tratar tener constancia nomás. Los sábados las subía al blog, creo.

Cuando se me ocurrió la historia no supe, hasta muchos años después, cuánto tenía que ver conmigo lo que estaba haciendo. El autor era Joaquín Marteli, que era el personaje, un alias, porque yo no quería dar la cara. La historia era desagradable, de alguna manera. No sé, era como un juego y a la vez trataba una parte bastante oscura de mí. Cuando empecé a espaciar la periodicidad la gente ya se había enganchado, los comentarios siempre fueron muy buenos, por correo me preguntaban cuándo subía la página, porque yo interactuaba con el público, siempre como si fuera Marteli. Después, eso queda trunco, ya no podía sostener el blog, pero  incluso había creado una página en Facebook, como Marteli, y seguían escribiéndome por ahí. Yo seguía respondiéndoles a todos, pero me sentía mal, tuve que cerrarlo.

-¿Cómo surge la posibilidad de publicarla?

-La propuesta para editarla venía de antes, por parte de Locorabia y Belerofonte. Años más tarde, me propuse terminarla, en mis tiempos, como pueda, sin postearla. Fui juntando el material y cuando estuvo, les dije: ‘bueno, muchachos, acá está, léanla por las dudas.’ La leyeron y decidieron sacarla -risas-. Finalmente, se cerró el ciclo. Yo cerré una etapa de mi vida cuando salió el libro, porque ahí, con total libertad volqué mierda, pero en serio, sincera. Lo que quería, cómo quería. Y estuvo buena la respuesta, de los colegas, de la crítica.

-¿Hay alguna posibilidad de recuperar esas historietas unitarias breves que salían en Comic.Ar con protagonistas mujeres?

-Sí, eso siempre me quedaron ganas de hacerlo. Es difícil. Las ganas están, pero el tiempo pasa cada vez más rápido, entre el trabajo, los hijos, la vida. Eventualmente, voy a tratar de avanzar con eso para ver si se puede completar un libro, compilando las que salieron publicadas y otras que tengo por hacer. Veremos.

 -Plan B, la miniserie tuya que parodiaba de alguna manera al género superheroico y salía serializada en la antología Términus, ¿tiene algún final pensado?

-Eso también, lo tengo ahí, es algo que está pendiente. Cada vez que lo veo digo: ‘estaría bueno seguirlo’, porque me divertía mucho hacerlo. A veces es frustrante, porque es muy difícil encontrar el tiempo, entre la demanda del laburo, la familia; cuando queda un ratito uno está cansado y quiere, no sé, distenderse, ver una película, no ponerse a dibujar otra vez. Pero bueno, confío en que el año que viene pueda organizarme de alguna manera para retomar y avanzar con alguno de estos proyectos.  

-¿De qué se trata el trabajo actual que estás haciendo para Estados Unidos?

-Es una miniserie que va a acompañar el lanzamiento de la segunda parte de un videojuego, se llama The Division. En eso estoy, ya terminé el número uno, ahora cuando llegue a casa tengo que arrancar el número dos. Está bueno, pero es más de oficio, a nivel autoral preferiría hacer otras, cosas, obviamente. Hace unos años ya había hecho una miniserie, también para Dark Horse, de cuatro números, que se llamó Deep Gravity.

-Buenos, muchas gracias.

-No, por favor, gracias a vos.

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39 años, Licenciado en Comunicación Social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental escritor.

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