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Dirty John: el que vive de las minas, el que roba y el que mata

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Dirty John: el que vive de las minas, el que roba y el que mata

Con Dirty John, Netflix nos mete en una relación de abuso y manipulación y con esta nota, el Doc nos mete ganas de verla.

Netflix parece decidido a explorar (o explotar) las relaciones abusivas. En diciembre del año pasado estrenaron la excelente You, una historia de obsesión disfrazada de amor contada desde el punto de vista del acosador y en febrero de este año le tocó el turno a la dramatización de un caso real, una investigación del  periodista del Los Angeles Times Christopher Goffard, originalmente publicada en forma de blog.

 

ONCE UPON A TIME A WAS FALLING IN LOVE…

Debra Newell (Connie Britton) es una mujer madura, exitosa en los negocios pero no tanto en el amor. Ha pasado por cuatro matrimonios, pero no pierde las esperanzas y continúa buscando el «hombre ideal». Y cuando conoce a John Meehan (Eric Bana) gracias a una aplicación de citas online, cree haberlo encontrado. John es atractivo, inteligente, encantador, altruista, un hombre de carrera. Incluso estuvo a punto de morir en Irak, donde fue como parte de la organización Médicos sin Fronteras. También le ha ido mal en el amor, arrastra consigo un matrimonio fallido. Si a veces tiene alguna actitud inquietante, algún ligero asomo de violencia ¿Quién podría reprochárselo? Serán las experiencias vividas durante la guerra o el estrés al que lo somete su profesión de anestesista o la tensión del constante rechazo que siente hacia él parte de la familia de ella, especialmente su hija mayor, Verónica (Juno Temple).

Las cosas avanzan muy rápidamente entre John y Debra, lo que incrementa el descontento de la familia de ella y los lleva a indagar con un poco más de profundidad en el pasado de este sujeto. Lo que descubren es, cuanto menos, inquietante.

…BUT NOW I’M ONLY FALLING APART

Dirty John trata sobre una mujer atrapada en una relación tóxica con un mentiroso profesional, un sociópata que ve al mundo como su coto de caza privado y al resto de las personas como sus presas. Una vez que John entra en su vida, su único objetivo es apartarla de su familia y quitarle todo lo que tiene, mientras se las arregla para segarla a lo evidente de sus intenciones. Es una cuestión de dinero, pero también es una cuestión de poder.

El que esté basada en un hecho real la vuelve aún más perturbadora. Pensar que lo que estamos viendo es un reflejo de la realidad que viven muchas personas a diario es estremecedor. Digo personas y no específicamente mujeres porque aunque la víctima en este caso sea de género femenino, queda claro que este depredador no discrimina a la hora de elegir a sus víctimas. Él siente que el mundo le debe algo y está decidido a cobrárselo a como de lugar, yendo contra quién se le ponga delante o mejor aún, según las enseñanzas de su padre y mentor en las artes del engaño, «si vas a ir contra alguien, no te vas contra ese alguien, te vas contra su familia».

 

THERE’S NOTHING I CAN DO, A TOTAL ECLIPSE OF THE HEART

El guion es sólido y aunque tenga ligeras licencias, en líneas generales respeta los hechos tal como  los narraron los protagonistas originales de esta historia, incluso en lo que respecta al impactante final, lo que demuestra nuevamente que la realidad puede ser mucho más extraña que cualquier ficción. Las alteraciones no van más allá de algún cambio de nombre (como los de la hermana de John o el sobrino y la hija mayor de Deb), algo natural en este tipo de narraciones. Las únicas modificaciones realmente importantes son el hecho de que en la vida real Debra nunca supo que John era un adicto y que la mujer no tenía tres hijos, sino cuatro, pero esto último se justifica porque los productores no obtuvieron el permiso de la primogénita para incluir su historia en el show.

Las actuaciones están a la altura, tanto por el lado de la pareja protagónica como por el de los secundarios, destacando entre estos últimos Julia Garner como la hija menor, Terra. Son ocho episodios de entre 40 y 50 minutos de duración y a mi entender, no le faltan ni le sobran escenas.

 

Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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