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Hechizo de Luna

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Hechizo de Luna

Brian Azzarello y Eduardo Risso volvieron al ruedo con la serie regular Moonshine, para Image Cómics, cuyo primer arco argumental acaba de ser lanzado en Argentina, coeditado por Historieteca Editorial y Puro Comic Ediciones. El análisis, a continuación

La dupla artística ganadora de los premios Eisner y Harvey por el vibrante policial 100 Bullets (DC/Vértigo, 1999-2009), responsable también de la miniserie sci-fi Spaceman (DC/Vértigo 2011-2012), volvió a reunirse recientemente para gestar una obra sobre la que pudieran retener los derechos de autor. En tal sentido, Image Comics fue el sello elegido por nuestro Eduardo Risso (Leones, 1959) y Brian Azarrello (Cleveland, 1962), para desarrollar una propuesta que bien podría definirse en los papeles como un interesante cruce de subgéneros, que volvió a contar con Will Dennis como editor.

El thriller sobrenatural con ambientación de época Moonshine vio la luz en EE.UU. a fines de 2016, llevando una docena de números publicados al día de la fecha. Con una extensión pautada para cerca de tres años por el guionista, que puede llegar a extenderse dependiendo del entusiasmo del equipo creativo y la repercusión entre los lectores, algo que ya pasó con Cien Balas, el cómic presenta un enorme potencial para desarrollar.      

Entre dos fuegos

El año es 1929, la región, Los Bosques Apalaches, estado de Virginia Occidental, USA. Hacia allí es enviado el joven gángster Lou Pirlo, un ‘pretty boy’ del que no sabemos mucho al inicio de la historia, más allá del hecho de que trabaja para el mafioso newyorkino conocido como Joe ‘El Jefe’ Masseria. Dos son los talentos del muchacho, la facha y su célebre labia a la hora de cerrar tratos, pero pesa sobre él un gran error cometido antaño, que lo dejó relegado a un segundo plano dentro de la organización criminal. Por ello, ve en este encargo una oportunidad para recuperarse y volver a ascender, con peso específico entre los suyos.

Claro que la tarea que le tocó en suerte, en los papeles sencilla, va a complicarse sobremanera conforme avance la trama. La famosa ‘Ley Seca’ norteamericana que impidió la comercialización de bebidas alcohólicas entre 1920 y 1933, tuvo como contracara un gran auge del crimen organizado, merced a la importación de alcohol desde países limítrofes o, directamente, su producción en destiladeros ilegales, como hemos visto retratado en infinidad de series, films o novelas. En este contexto, Masseria da con un licor de enorme calidad proveniente de aquella región, por lo que envía a su torpedo a tratar con Hiram Holt, viejo patriarca montañés de un clan familiar afincado desde hace décadas en las afueras del poblado, responsable de aquella refinación, para arreglar la llegada del producto a la gran ciudad.

A la negativa inicial del hosco hombre y su familia, se sumarán otros problemas, para nada menores. A saber, a oídos del FBI ha llegado la fama de la bebida destilada por el clan Holt, por lo que los G Men no se quedarán de brazos cruzados frente a la situación, tampoco las autoridades locales; el propio Lou tiene un serio problema de alcoholismo, que arroja como consecuencia ciertas ‘lagunas’ en su memoria a corto plazo, despertando en lugares insospechados y circunstancias por demás extrañas; la región donde se desarrolla la acción parece estar asolada por no uno, sino varios lobos salvajes, con la curiosa costumbre de descuartizar ocasionalmente a seres humanos; una tribu local afroamericana se vinculará en los sucesos a través de la misteriosa Delia, hechicera que parece tener cabal conocimiento de las causas de estos fenómenos.

Estos seis números, publicados originalmente entre Octubre de 2016 y Marzo de 2017, compilados en el primer TPB de la serie, que es el que toma como referencia la edición nacional, sirven a modo de presentación de lo que está por venir, personajes muy bien trabajados en una trama de fondo original, interesante, que va desplegando subplots a medida que se desarrolla, teniendo mucho hilo por desenredar en la madeja. La lectura del inesperado final, sin ir más lejos, deja con -muchas- ganas de más.

Pólvora, alcohol y sangre

Además de un enorme talento, cada uno en lo suyo, Azarrello y Risso tienen más de una década de experiencia como dupla creativa, hecho que queda evidenciado en este nuevo trabajo, cuyo resultado termina siendo mucho más que la suma de las partes.

Se dice en el ambiente comiquero aquello de que ‘todos los géneros ya han sido creados, y que la originalidad hay que buscarla en la forma de combinarlos’, premisa que parece seguir consciente o inconscientemente el escriba norteamericano en esta ocasión, mixturando el policial -que tan bien domina- con lo fantástico, encarnado en la licantropía. Y la combinación, que suena cuanto menos arriesgada al considerarse, fluye en la práctica con total naturalidad.

El pleno entendimiento entre guionista y dibujante se trasluce en un relato sin fisuras, que atrapa al lector desde el vamos con recursos argumentales genuinos, una sólida narrativa que se ve complementada por la utilización plena de la paleta de colores, a cargo del propio Risso, muy bien secundado por Christian Rossi, para crear atrapantes climas y entornos donde la acción es plasmada siempre con creatividad, desde planos y encuadres inmejorables, con un pulso casi cinematográfico y ese envidiable manejo del claroscuro que es marca de fábrica del dibujante rosarino por adopción, que también  vuelve a lucirse en el diseño de personajes, sean estos primarios o secundarios.

Anteúltimo párrafo dedicado a la edición argentina, donde se hace preciso para destacar el gran trabajo realizado por Historieteca Editorial y el local Puro Comic Ediciones. Esto se aprecia tanto en lo que respecta a la relación costo-calidad del tomo, como en el apartado créditos, con buenas labores de traducción de Eduardo Santillán Marcus, rotulado de Franco Stagni y maquetación de Javier Hildebrant. Todo un detalle la inclusión de las portadas originales en tamaño real, dibujadas por el propio Risso, y la reproducción de las alternativas algo más reducidas, con sendos aportes de Frank Miller, Dave Johnson, Jock, Lee Bermejo, Juan Doe, Jill Thompson y Cliff Chiang.

En síntesis, Moonshine es un cómic ideal para leer en noches de Luna llena, con un buen licor en mano. Guarda que muerde.

 

38 años, Licenciado en Comunicación Social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental escritor.

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