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El ángel negro: chiquita, pero cumplidora

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El ángel negro: chiquita, pero cumplidora

En abril de este año, Maten al mensajero lanzó una producción «pet friendly» de Camila Torre Notari y te contamos por qué está bueno leerla.

Hay historias monumentales, fantásticas, épicas. Historias protagonizadas por héroes poderosos que libran batallas inimaginables contra formidables enemigos. Historias que acaban en catastróficas derrotas, gloriosos triunfos o porque no, escuetos empates.

Esta no es una de esas historias.

Esta es una historia chiquita, lo que no quiere decir que no merezca ser contada. Es la historia de un felino y una chica, pero no en plan dioses griegos, sino en plan mamá adoptiva/hijo no humano. Cami es una joven de gustos sencillos. Estudia en la facultad, se junta con sus amigos a tomar algo, se prueba ropa y vive en general, una vida tranquila. Una amiga tiene unos gatitos para regalar y Cami, contra los deseos de su madre («ustedes los traen, pero siempre los termino cuidando yo»), decide adoptar uno. Así es como entra en su vida Petunia, y así empiezan una serie de anécdotas mundanas, que reflejan el día a día de la convivencia de una familia con su/s mascota/s. Me sorprendió descubrir que la acción transcurre en los noventa, lo que no está explícitamente indicado, pero se deduce del contexto.

Camila Torre Notari se las arregla para meter en alrededor de cincuenta páginas un par de villanos, algún que otro plot twist y varios personajes secundarios interesantes, como el conejo Pomelo que incluso tiene su pequeño spin off en forma de librito que acompaña al comic. Hay mucho de autobiográfico en esta historia, algo bastante común en las producciones de la autora.

El dibujo es tan simple como la trama, pero con un trazo intenso que destaca por la elección de colores: blanco, negro y amarillo son los únicos tonos empleados y el resultado es sorprendentemente grato. La edición de Maten al mensajero es un lujo y constituye un valor agregado para esta producción de por sí recomendable. Tapas duras, papel de excelente calidad y detalles «hechos a mano»: el logo de la editorial, las solapas, la ficha bibliográfica y las declaraciones legales, nada de eso está mecanografiado.

Son nueve capítulos muy breves, que se leen de un tirón. Si son «animaleros» llévense El ángel negro a su casa y dejen que este librito juguetón entre en sus vidas. No se van a arrepentir… aunque les llene todo de pelos.

 

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Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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