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Pasajeros en trance

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Pasajeros en trance

Crítica de Ucrónicas, antología temática de Rabdomantes Ediciones que recupera doce relatos autoconclusivos escritos por Mauro Mantella y dibujados por varios artistas nacionales, publicados hace poco más de una década.

El primer lanzamiento de 2018 para el sello rosarino dirigido por César Libardi involucra al guionista Mauro Mantella, de quien habían recuperado previamente la novela gráfica El Hombre Primordial, con dibujos de Germán Erramouspe, el año pasado. Ucrónicas es una recopilación de 88 páginas, en blanco/negro y color, con doce historias breves autoconclusivas publicadas originalmente a fines de la década pasada, en las revistas Bastión, de Gárgola Ediciones, la segunda etapa de Comiqueando Extra, de Freakshow Press, y Antología Zombi, de Ovni Press.

Las tramas tienen en común la premisa del título, ficciones que postulan reconstrucciones históricas donde hechos concretos de la vida real ocurrieron de forma diferente, o directamente, nunca llegaron a suceder. Este punto de partida es algo flexible, ya que no se cumple a rajatabla en todo el material.

La faz gráfica del volumen recayó en un grupo de notables y jóvenes dibujantes nacionales, con estilos muy disímiles entre sí, seleccionados con el objetivo de que se adecuen lo mejor posible al tono de las diferentes historietas propuestas. El gran Salvador Sanz firma la espectacular portada de un tomo cuya edición es verdaderamente impecable.

 Unitarios por docena

Tras un prólogo con una linda anécdota, a cargo de Diego Agrimbau, arranca Amor Negro, tres efectivas páginas ilustradas por Alejandro Aragón, historia que nace de un recurso harto conocido, una persona a la deriva en una ciudad plagada de zombies, para terminar de forma sorprendente con una eficaz vuelta de tuerca de la que no conviene adelantar mucho. Gran laburo del dibujante en el uso de grisados y, fundamentalmente, el manejo de la narrativa, ya que son casi nulos los diálogos en el relato, que surge y se desarrolla exclusivamente a través de las imágenes. El guión de Omninauta, correctamente ilustrado por Omar Pacino, apuesta al pleno desarrollo de una gran idea, mixturando ciencia ficción y metafísica en su trama. Plagado de referencias a la cultura popular, shockea al lector con un final simbólico, apasionante.

El Arca, con arte de Juanmar, también juega sobre lo conceptual, con ocho páginas de extensión y un inteligente planteo, tan pretencioso como efectivo. Las técnicas desplegadas en el dibujo son clave para acompañar la propuesta, determinante y determinista a la vez. El beso inmortal, está gráficamente a cargo de Leonardo Pietro, que desarrolla un buen trabajo en doce páginas dedicadas a narrar el romance entre un hombre y una vampiresa, desde un abordaje que indaga en la mitología que rodea a estos seres, permitiéndose también, un logrado giro a modo de cierre. La dupla creativa se repite en Ser y Tiempo, unitario con similar extensión. El antiguo Egipto y un rito de iniciación al interior de una pirámide, en el que un padre guía a su hijo, sirven como excusa para explorar lo peor de la condición humana a través de la historia.

El día de los plásticos rotos, está ilustrada por Leandro Rizzo y coloreada por Rocío ZucchiFernando Furukawa. Partiendo de aquella premisa planteada en Toy Story, de que los muñecos de juguete tienen vida propia, se utiliza argumentalmente a la familia del clásico Playmobil para relatar en seis páginas una historia de opresión y abusos, plena de referencias socioculturales. Fusión, con dibujo y color a cargo de Salvador Sanz, retoma en cuatro páginas el tema de la creencia Budista, para narrar una anécdota menor que forma parte de un plan mayor, en una historia minimalista que funciona y sorprende; podría haber sido más efectiva con una mayor extensión. El gremio de las agujas, es otra breve trama, de cuatro páginas a color, bien ilustrada por Mauro Lirussi, muy imaginativa y cargada de surrealismo con vuelta de tuerca al final.

Algo más redonda resulta Coleccionistas, con Federico Dallochio luciéndose en la narrativa desde apenas cuatro páginas, de lo que vendría a ser una reversión de aquella vieja fábula del ‘cazador cazado’ en un contexto vinculado a lo esotérico y el satanismo. ¡Las aventuras de Supraman!, dibujada por Germán Ponce con colores de Marcelo Blanco, funciona desde su mismo título como una ácida parodia al subgénero de las capas y las máscaras, con unos cuantos hallazgos contextuales, muy imaginativos. Daba para algo más de cuatro páginas. Lirussi vuelve a colaborar en los lápices de El cielo de los perritos, cruda historia sin concesiones sobre el maltrato animal. Puede objetarse que resulta algo volada para las escasas cuatro páginas en que se desarrolla, pero no pierde solidez debido a una lograda impronta visual.

El último autoconclusivo está entre lo mejor del libro, se titula Zombisbena y lo ilustra magníficamente Facundo Percio. Doce páginas a doble secuencia para una narración que es un hallazgo por muchos motivos, siendo el principal el enfoque seleccionado, que subvierte de modo sencillo e inteligente la clásica conversión de ser humano a zombie. James, su protagonista, al que solo vemos en parte, logra desarrollarse como personaje al tiempo que la bifurcación del relato consolida el desafío de la lectura hasta el final, que impacta con la fuerza requerida para sorprender.

 Alternativa real

Al margen de que no todos los relatos están al mismo nivel artístico, principalmente por el tema de la extensión asignada, lo cierto es que el nivel general es más que aceptable y amerita la obtención del tomo. La identidad visual es otro de los puntos fuertes de Ucrónicas, con una galería de artistas de un potencial enorme, enfrentados al desafío de plasmar las ingeniosas y originales ideas surgidas de la imaginación de Mantella, acaso uno de los guionistas más destacados de su generación.

El resultado final de este rescate editorial es una apuesta arriesgada de cara al lector, en tanto y en cuanto supone un vertiginoso recorrido creativo por una gran variedad de tópicos, personajes y conflictos conocidos, que son reexaminados desde una óptica siempre diferente, fresca e inesperada. Evidencia inequívoca de que la antología temática sigue siendo una opción más que viable en el mercado nacional cuando está bien pergeñada.

 

 

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38 años, Licenciado en Comunicación Social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental escritor.

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