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Fahrenheit 451 2018: no tengo idea de qué quisieron hacer y sospecho que HBO tampoco

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Fahrenheit 451 2018: no tengo idea de qué quisieron hacer y sospecho que HBO tampoco

Junto a 1984 y Un mundo feliz, Fahrenheit 451 es una de las mas reconocidas novelas distópicas de la ciencia ficción y clásico de la literatura en general. En esta nota, analizamos la reciente adaptación perpetrada por HBO.

THE WAY THE FUTURE WAS

En 1953, el reconocido escritor de ciencia ficción Ray Bradbury publicaba una de sus obras más reconocidas, Fahrenheit 451. El título alude a la temperatura a la que arde el papel y la novela nos plantea un mundo en el que la palabra escrita ha sido proscrita y los bomberos ya no apagan incendios, sino que se dedican a encontrar los pocos libros que sobrevivieron a la purga, para quemarlos. La versión oficial es que los libros, al estimular la imaginación y la multiplicidad de interpretaciones, llevan a las personas a la confusión y la infelicidad. Por el contrario, la televisión le presenta al individuo una única realidad, premoldeada, predigerida, ilusoriamente satisfactoria.

Trece años después, en 1966, el director francés François Truffaut presentaba la que sería su única película rodad en inglés: una versión cinematográfica de la obra de Bradbury antes mencionada y que llevaría el mismo título de la novela. El respeto con el que se realizó esta adaptación es tal, que la misma carece de títulos de crédito escritos, ya que en la sociedad distópica que presenta, la escritura está prohibida. En su lugar, una voz femenina en off los recita al comienzo de la película.

Según el propio Bradbury, la idea para esta novela le surgió al ver a una mujer usando auriculares mientas paseaba a su perro en compañía de un hombre. La vio tan metida en su propia realidad personal, ajena al hombre, al perro y a la noche misma, la imagen perfecta de la alienación. A partir de esa simple imagen, construyó todo un mundo.

Así que cuando HBO decidió hacer una versión aggiornada de la novela, no las tenía todas consigo. ¿Una historia sobre un futuro cercano en el que se queman libros… en una era cada vez más digital? Por no mencionar que la alienación y la dependencia de las pantallas que Bradbury auguraba para el futuro, la podemos ver constantemente a nuestro alrededor.

BABY LIGHT MY FIRE

La versión 2018 de Fahrenheit 451 está protagonizada por Michael B. Jordan como el Cabo Bombero Guy Montag, el más efectivo miembro de Las Salamandras. Hijo de otro bombero, Guy vive para seguir y hacer cumplir las normas, lo que lo ha convertido en el niño mimado de su jefe, el Capitán Beatty (Michael Shannon). Un allanamiento a una casa en las afueras de la ciudad termina con el suicidio de su única habitante, una anciana que se prende fuego junto con sus amados libros. Presenciar esa escena comenzará a socavar su, hasta ese momento, inquebrantable fe en el sistema. Montag se llevará de esa casa Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoyevski y la lectura del ruso torturado no lo ayudará precisamente a volver al redil. Para completar su viraje moral, conocerá a Clarisse McClellan (Sofia Boutella), una adolescente que forma parte de la resistencia, pero actúa como informante de Beatty. Lo que sigue, es de imaginarse: el antes firme defensor del status quo se pasará al bando de los rebeldes y se convertirá en pieza clave de un plan para derrotar al gobierno, además de establecer una relación sentimental con la chica. Y este es el primer crimen que comete HBO contra la historia que supuestamente está adaptando: desproveerla de todo atisbo de originalidad, convertirla en una más del montón.

El primero, aunque no el único. Pero no voy a necesitar entrarme en las diferencias entre el libro y la película para poder criticar esta obra, porque además de ser una mala adaptación, Fahrenheit 451 2018 es una mala película. Carece de coherencia interna hasta el punto de volverse poco comprensible. No se entiende qué es Yuxie, el asistente personal que todos los ciudadanos tienen en su hogar y al cual presta su voz Cindy Katz. Esta pariente lejana de Siri y Cortana que no solo ayuda, sino que controla al dueño de casa, sería una maravillosa herramienta de vigilancia del estado, si no fuera porque alcanza con decirle «Yuxie, go dark» para que deje de observar. No se entiende qué es El Nueve. En apariencia, reemplazó «a la vieja Internet» y está bajo el control del estado, pero es también donde los rebeldes suben los libros digitalizados para protegerlos. No se entiende por qué Yuxie hace que todos (o algunos) de los ciudadanos utilicen unas gotas para los ojos que anulan su memoria a largo plazo, cuando hay métodos mucho más efectivos de control que no dependen de la inoculación voluntaria. No se entiende qué buscan los rebeldes y cómo logran pasar desapercibidos en una sociedad tan controlada. Todo lo relativo al funcionamiento de esta sociedad es poco claro, por no decir incomprensible. Y no menos oscuras son las motivaciones y reacciones de los personajes. Montag resulta fácil de entender sobre todo por la chatura con que se lo dibuja: el típico miembro de las fuerzas represivas que tiene una revelación y se pasa al otro lado, pero Beatty y Clarisse son prácticamente indescifrables.

BONFIRE OF VANITIES

Las virtudes de esta película son tan pocas que casi no vale la pena enumerarlas. En lo que respecta al aggiornamiento, el único logro es incorporar cuestiones de la actualidad al mundo ficticio que propone. Así, Montagne tiene «seguidores» en El Nueve, al mejor estilo de las redes sociales y cuando se muestran imágenes suyas o de los operativos realizados en las gigantescas pantallas que cubren el frente de los edificios, vemos pasar emoticones y comentarios de los fans. También uno de los lemas que más veremos es «(if you) See Something, Say Something» (si ves algo, di algo). Aunque en la película se refiere a delatar todo lo que parezca una actividad rebelde, esa misma frase la utiliza Homeland Security (el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos) para invitar a la población a denunciar cualquier cosa que crean relacionadas con actos terroristas.

Por el lado de los diálogos, que son fundamentales en la novela, de toda la película solo rescato lo que Clarisse le dice a Montag cuando están discutiendo el cómo se llegó al actual estado de cosas:

«–Nos vendieron lo que queríamos, el yo y la felicidad. Que el 9 provee a montones, y por lo que te contratamos a defender con fuego.

–¿Dices que la gente lo quiso así?

–El Ministerio no nos hizo esto. Lo hicimos a nosotros mismos. Exigimos un mundo así.»

Esta admisión de responsabilidad, a menudo ausente en las distopías es lo único realmente destacable de toda la película. Pero sin duda no vale la pena tragarse una hora y media de malas actuaciones y trama incomprensible… por tan poco.

Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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