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Th1rteen r3asons why: Confirmando aquello de que Segundas partes…

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Th1rteen r3asons why: Confirmando aquello de que Segundas partes…

Una de las series mas vistas del año pasado regresó a Netflix y la pregunta que flota en el ambiente es ¿era necesario?

…NUNCA FUERON BUENAS

Cuando en 2007 Jay Asher publicó la novela Por trece razones (Thirteen reasons why), quizá no previó que diez años después, la vería en pantalla de la mano de Netflix y convertida en uno de los mayores éxitos de la plataforma de streaming. Tampoco se habrá imaginado, supongo, que la popularidad de la serie llevaría a los creativos (o a los gerentes comerciales) a darle a su novela una innecesaria continuación. No es el primero ni será el último caso de una miniserie autoconclusiva que se ve extendida para «atar cabos sueltos», hermosa frase que puede traducirse como «negarse a matar a la gallina de los huevos de oro» y que es en parte culpa del propio público, que parece no estar nunca satisfecho con lo que el autor ha querido contar y pide secuelas insaciablemente.

Sea por presión popular, por conveniencia económica o por el motivo que fuere, lo cierto es que no son pocas las historias originalmente planeadas como unitarias que reciben una continuación. Y la mayoría de las veces, dicha continuación no está a la altura de las circunstancias.

¿QUÉ HAY DE NUEVO, VIEJO?

La primera temporada de Thirteen Reasons Why contaba la historia del suicidio de Hannah Baker (Katherine Langford) y las razones que la llevaron a tomar tan drástica decisión, a través de trece casetes grabados por la propia Annah. Alcoholismo juvenil, drogas, acoso, violación, bulling, slut shaming… todas las «bellezas» de la adolescencia en trece episodios muchas veces crudos y descarnados, pero sin golpes bajos. La historia cerraba, aunque dejase inconclusas algunas historias secundarias.

El argumento de esta segunda parte se basa en dos conflictos. Por un lado, tenemos el juicio de los padres de Hannah contra la escuela, a quién responsabilizan por la muerte de su hija. Por el otro, está el tema de las violaciones cometidas por Bryce Walker (Justin Prentice). Y alrededor de todo eso, se desarrollarán las historias individuales de los personajes.

Las partes relativas al juicio no se diferencian demasiado de cualquier serie de abogados. Cada uno de los trece episodios que conforman la temporada contiene partes narradas en primera persona por el personaje que está declarando en ese momento, aun cuando la acción esté transcurriendo fuera de la corte. La postura de la escuela será, por supuesto, demonizar a la víctima, la mayoría de las veces tergiversando los hechos. Lo positivo de la parte «judicial» de la historia es que nos permite conocer a una Hannah mas humana, alejada del carácter de «víctima perfecta» que le habían asignado en la primera parte.

Con respecto a Bryce, podemos decir que se hace lo contrario que con Hannah: en esta segunda parte lo han desprovisto de sus facetas mas interesantes, convirtiéndolo en un villano mucho más clásico. Recién sobre el final intentan recuperar algunos de los aspectos de su personaje, mostrando su sentido de la lealtad mediante un flashback de su infancia y el abandono por parte de sus padres. Cuando le dice a su madre «Me cuido muy bien solo y ustedes… mantienen su bronceado todo el año» sentí que mi percepción inicial del personaje no había estado equivocada, pero el cachetazo con el que ella le responde afirma la posición de los guionistas: Bryce es malvado y punto. El por qué no tiene importancia.

Quién si encontrará su oportunidad para redimirse y convertirse en uno de los pocos aciertos de la temporada es Kevin Porter (Derek Luke). El consejero es el único en la escuela que acepta su responsabilidad en la muerte de Hannah y también el único en decir la verdad en la corte. Claro que, como suele decirse, ninguna buena acción queda sin castigo.

TODO MAL

Si la primera parte tenía el grave defecto, heredado de la novela, de que se notaba la voz del autor hablando por boca de los personajes adolescentes, esta segunda parte resulta igualmente poco natural en la forma en que desarrolla la idea básica de que «el suicidio no es la salida», ya que resulta una obvia respuesta a las criticas hechas a la serie. Buena parte de los argumentos esgrimidos por la defensa en el juicio parecen estar protegiendo no a la escuela, sino al programa.

Lo que no ha evitado que la nueva temporada haya cosechado sus propias críticas. Hay una escena particularmente violenta que despertó la furia de varios grupos de padres, llegando incluso a pedir a Netflix que retirase la serie de su grilla. Mas allá de lo exagerado de esta petición, tengo que decir que, a mi entender, se podrían haber presentado los mismos hechos en una forma mucho menos cruda. La único que llevó a los responsables de la serie a hacerla tal como la hicieron es que en la primera temporada contaban con el suicidio de Hannah como punto culminante y «escena fuerte». Esta vez no tenían nada similar, así que lo fabricaron. Pero la imposición se nota mucho y lo ocurrido resulta más violento aún por estar fuera de lugar. Obviamente, no entro mas en detalle para no spoilear, pero si ven la serie no tendrán problemas para identificar la escena en cuestión.

Otra cuestión que resulta notoriamente fuera de lugar es la presencia de Hannah. Clay Jensen (Dylan Minnette) se pasa casi toda la serie interactuando con ella. La ve, la escucha, discute con ella e incluso le pide que le de respuestas que evidentemente no puede darle porque es solo una creación de su imaginación. Un recurso que resulta inadmisible en cualquier cosa que no sea una comedia dramática de los sesenta.

ENCIMA, CONTINUARÁ…

El final no desentona con el resto de la temporada. Derivado directamente de la escena que mencionaba unos párrafos más arriba, resulta igualmente poco natural y solo sirve como gancho para la siguiente temporada.

En resumen, 13 razones era una miniserie y así es como debió haberse quedado. Si lo que les interesaba a sus creadores era ahondar en la problemática adolescente, deberían haber optado por un formato similar al de True Detective (2014 – ) o American Horror Story (2011 – ) y haber mantenido el elenco pero contar una historia completamente nueva.

Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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