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THE GOOD PLACE: ALGO OCURRIÓ CAMINO AL PARAÍSO

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THE GOOD PLACE: ALGO OCURRIÓ CAMINO AL PARAÍSO

Kristen Bell y Ted Danson protagonizan una comedia original de Netflix con un planteo novedoso y muchas vueltas de tuerca interesantes.

¿Qué pasa si les digo que la mayoría de las religiones tienen razón y existe el «Más Allá»? Que cuando mueran, serán juzgados por sus acciones y enviados a uno de dos sitios: El Buen Lugar o El Mal Lugar. Eso es lo que le sucede a Eleanor Shellstrop (Kristen Bell), una joven recién fallecida que se despierta en la otra vida y se encuentra con Michael (Ted Danson), quién le explica que, dadas sus buenas acciones en vida, ha sido destinada a El Buen Lugar para pasar el resto de la eternidad. Todo perfecto, salvo por un pequeño detalle: Eleanor ha sido una persona horrible, egoísta, con pésimos modales y que se ganaba la vida con la venta telefónica de medicamentos falsos a personas de la tercera edad. A partir de ese momento, la chica hará lo imposible para evitar que los responsables descubran el error que cometieron al dejarla entrar en el paraíso.

Durante su estancia en El Buen Lugar, Eleanor conocerá a Chidi Anagonye (William Jackson Harper), un profesor de filosofía ética y moral que se supone es su alma gemela e intentará hacer de ella una mejor persona, si no la mata de aburrimiento antes. Otro clavo en la cruz de la joven es su nueva vecina Tahani Al-Jamil (Jameela Jamil), una hermosa mujer con una vida perfecta y que parece ser incapaz de mantener la boca cerrada por más de diez segundos. El que sí se mantiene silencioso es Jianyu (Manny Jacinto), un monje tibetano y alma gemela de Tahani. Completan el elenco principal el mencionado Michael, el bastante torpe arquitecto responsable del barrio en el que viven los protagonistas y Janet (D’Arcy Carden), una especie de asistente interactiva para todos los residentes, al estilo de Siri, pero en 3D.

NADA ES LO QUE PARECE

Con esos ingredientes, la receta de The goood place no podía ser más previsible (persona horrible que se ve obligada a regenerarse y aprender una invalorable lección de vida… o de post vida) y, sin embargo, sus creadores se las ingenian para sorprendernos una y otra vez. Cada uno de los trece episodios de veinte minutos que conforman la primera temporada termina con un clifhanger, recurso poco usual en una comedia que sin embargo a esta le sienta muy bien. Y la madre de todos los clifhangers sobreviene al final de la temporada, con una revelación que termina de demostrar que no estamos ante una serie humorística al uso.

Las actuaciones son muy buenas, el elenco es pequeño, pero bien seleccionado. Y el guion se sale de lo común, pero sin perder de vista el objetivo principal de cualquier sitcom: hacernos reír, cosa que logra sobradamente.

La segunda temporada empezó con todas las pilas y se está emitiendo por Netflix con la metodología de «un capítulo por semana». No me avergüenza decir que espero con ansias el aviso de cada jueves advirtiéndome que ya está disponible el nuevo episodio. Es difícil predecir si la receta podrá sostenerse en el tiempo o si el showrunner Michael Schur (Parks and recreation) habrá quemado todos los cartuchos en la primera parte. Mi esperanza es que continúe sorprendiéndonos con esta comedia fresca que se reinventa a sí misma en cada entrega para seguir haciéndonos reír.

 

Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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