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NETFLIX EN TU PROPIO IDIOMA (O CASI) 5: IMPOSTORES

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NETFLIX EN TU PROPIO IDIOMA (O CASI) 5: IMPOSTORES

Una serie que se presenta como supuesta continuación de una buena película argentina (Nueve Reinas) de la cual está muy lejos tanto en historia como en calidad.

En el año 2000 se estrenaba la película argentina Nueve Reinas, escrita y dirigida por Fabián Bielinsky, con Ricardo Darín y Gastón Pauls poniéndose en la piel de dos estafadores que preparaban un plan maestro para venderle estampillas falsas a un coleccionista. Participaba también Letica Brédice, como la no-muy-amorosa hermana de Marcos (Darín). Se dice que Leonardo Sbaraglia se quedó con las ganas de participar del proyecto por estar trabajando en España.

En el 2009, Bruno Stagnaro decidió escribir y dirigir una continuación en forma de serie de esta exitosa cinta y de paso darle a Leonardo la oportunidad de participar. Impostores comenzaba a tomar forma.

IMPOSTORES

Impostores cuenta la historia de un grupo de estafadores organizado por El Pardo (Federico Luppi), un «preso vip» que desde la cárcel planifica y orquesta cada uno de los golpes. El resto del equipo lo conforman Alex (Leonardo Sbaraglia), La Momia (Luis Herrera), El «pibe» Gonder (Fabián Minelli), Fidel (Pedro Kochdillian), Rubén Dario (Daniel Campomenosi), Electro (Agustín Repetto) y «El nene» (Martín Piroyansky). A ellos se une Vicky (Letica Brédice)… y su personaje es toda la conexión que van a encontrar con la película de la que se supone es secuela.

La idea de El Pardo es realizar una serie de golpes, poniendo las ganancias en un fondo común y cuando se haya llegado al millón de dólares, utilizar ese dinero para llevar a cabo el Gran Golpe. Cada uno de los trece episodios describe una de estas estafas, con un guión orientado hacia el humor. A un tipo de humor muy poco elaborado. Para que se den una idea de lo que los escritores consideran gracioso, El «pibe» Gonder se llama Esteban, pero le dicen Stevie. Y por supuesto, es ciego.  Stevie Gonder. Ciego. Bueno, sigan repitiéndolo mentalmente hasta que lo entiendan.

En esta clase de historias, el fuerte siempre tiene que ser lo sorprendente y a la vez creíble de los engaños, algo que supo entender muy bien Damián Szifron cuando creó Los Simuladores (2002 – 2004). Y este es uno de los puntos más flojos de Impostores. Con la honrosa excepción de un par de episodios, como el del robo del cuadro o el de la desaparición de El Nene, que hacen un buen uso de la técnica de ocultar un dato crucial para revelarlo al final, la mayoría de los planes son ridículos, con vueltas de tuerca que no tienen otro sentido más que el de servir a los guionistas para intentar sostener una trama que se cae a pedazos.

LA ÚNICA ESTAFA ES EL GUIÓN

La construcción de personajes es prácticamente nula. Es imposible identificarse o al menos llegar a conocer a ninguno de los miembros de la banda, ni siquiera a los personajes principales. No solo no se les provee un trasfondo, tampoco se les da aunque sea una auténtica personalidad. En un episodio Alex se vuelve alcohólico porque lleva al extremo la interpretación de su papel en la estafa del momento y todos se asombran, porque «nunca toma alcohol». Sin embargo, ya lo habíamos visto beber antes y lo volveremos a ver beber más adelante, aunque su supuesta adicción terminará cuando lo haga el episodio. En otro capítulo Fidel se enamora de una mujer hasta el punto de poner en serio peligro el plan en curso, pero luego no volvemos a saber nada de la dama en cuestión. Al principio, El Pardo se comunica con la banda por teleconferencia o porque ellos lo van a ver a la cárcel, pero cuando hace falta, entra y sale de la prisión a gusto. Detalles innecesarios y contradictorios como esos aparecen constantemente, sin que sea posible comprender por qué y para qué.

Las actuaciones no son en sí mismas malas, pero naufragan en el enrevesado mar de los sargazos del guión. Si poco puede hacer el oficio de Sbaraglia y Luppi para sacar a flote a sus personajes ¿qué podemos pedirle al resto? Puede que sean buenos actores. Puede que no. No me animo a juzgarlos por lo que hacen aquí.

Como si hasta acá no le hubiese encontrado fallos suficientes, la serie además hace uso de una las prácticas más molestas de la televisión: la publicidad encubierta… y no tan encubierta. Teléfonos celulares, notebooks y bebidas que «auspician» el programa aparecen constantemente en pantalla, a tal punto que llegué a preguntarme si Adrián Suar estaba involucrado de alguna manera en el proyecto. Simplemente insoportable.

JUICIO FINAL

La serie es mala por donde se lo busquen. Por suerte pocas veces desde estas páginas me he encontrado con productos de los cuales prácticamente no pudiese rescatar nada. Hasta que vi Impostores. La miniserie se emitió en FX en 2009 y llegó a Canal 13 al año siguiente. No sé si estaba en los planes de alguien hacer más temporadas, pero por suerte, no las hubo.

 

 

Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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