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El invitado, y una historia entre muchas

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El invitado, y una historia entre muchas

Un día, Frank Miller visitó Rosario.

Un día, Frank Miller visitó Rosario. El viernes pasado, en el marco de la octava ‘Crack Bang Boom’, el gran creador norteamericano dio una charla de aproximadamente cuarenta minutos ante un colmado teatro ‘La Comedia’. Pese al cielo nuboso y la molesta garúa, desde antes de las nueve de la mañana una importante cantidad de personas se dio cita en la esquina de Mitre y cortada Ricardone para esperar pacientemente la apertura de boletería y retirar su entrada en forma gratuita, a razón de una por persona. Más de un peatón desprevenido habrá pensado que la larga cola en la céntrica esquina de la ciudad se debía a algún que otro ofrecimiento laboral, hecho común en los tiempos que corren, lamentablemente. Pero no. Era fervor comiquero en masa.

Yo estaba laburando, pero Ximena Ibeas, la ‘flaca’ -una amiga de esas que valen oro-, fue a retirar la entrada por mí, favor que le solicité la noche anterior y al que accedió pese a obstaculizarse su día. Mi colega de sección, Alvaro de la Iglesia -un hermano de la vida-, se encargó de pasar por la casa de ella a buscar ese ticket y esperarme pacientemente en la puerta del auditorio a la hora convenida. Yo salí de la sucursal a las doce y treinta, más puntual que nunca, abandonando las calles de San Lorenzo para ganar la autopista Rosario-Santa Fe a bordo de mi Corsa. Atrás quedarían los compañeros de trabajo, cubriendo entre todos a los ponchazos mi franco en el turno tarde -dos jornadas antes del día de la madre-, en la empresa de venta de muebles y electrodomésticos en que trabajo desde hace ocho años. Gracias también a ellos.

El final de estas líneas escritas a título personal, y colectivo también, tiene dos partes. La primera, cerca de las dos y media de la tarde de ese día, con ambos Eduardos -Santillan Marcus y Risso- oficiando de presentadores del artista oriundo de Maryland ante los fans rosarinos. Allí comprendí que todo el esfuerzo valió la pena. Conocer los obstáculos que la organización debió resolver para la concreción de tan esperada visita, enterarme que desde temprano había gente en el CEC esperando un turno para la firma de ejemplares a realizarse por la tarde, escuchar algunas interesantes definiciones del autor integral al respecto de su obra y de la vida en general, y hasta bancarme algunas preguntas intrascendentes de parte de la concurrencia, que nunca faltan.

La segunda, el domingo cerca de las nueve de la noche, con Frank entre los invitados al evento, subiendo a retirar una estatuilla, visiblemente emocionado y sosteniendo entre sus manos el bustito con la imagen de Mafalda. Como uno más, ante el total delirio de los presentes, que no dejaban de corear el espontáneo ‘olé, olé, olé, Miller, Miller’ con que lo habían recibido dos días antes. Y es que la pasión es así, no tiene muchas explicaciones. Se siente o no.

El responsable de redefinir para la posteridad a Batman y Daredevil en los ochenta, creador de Sin City y 300, una década después -entre tantos otros cómics gloriosos-, pasó por mi ciudad. Y yo estuve ahí. Este es el relato de cómo logré llegar, uno entre tantos otros -acaso más interesantes- que permanecerán anónimos. Además, pretende ser un agradecimiento a las personas que lo hicieron posible.

Otra alegría más, entre las muchas que nos brinda anualmente la convención que continúa haciendo escuela en el país, tal vez por el solo hecho de nunca renunciar a su perfil. Por eso también, gracias. Hasta la próxima.

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37 años, Licenciado en Comunicación Social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental escritor.

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