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#CómicsDeCulto: Puños de acero, corazón de león

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#CómicsDeCulto: Puños de acero, corazón de león

Revisitamos la serie Rocky Keegan, de Ray Collins y Gerardo Canelo, publicada por Editorial Columba entre la década del ochenta y la primera mitad de los noventa.

Revisitamos la serie Rocky Keegan, de Ray Collins y Gerardo Canelo, publicada por Editorial Columba entre la década del ochenta y la primera mitad de los noventa.

A los golpes por la vida

Angus Keegan II fue anotado como hijo de Letizia Borassi de Keegan, pese a no ser ella su madre biológica. La mujer rescató ocasionalmente al niño -apenas nacido- de un intento de secuestro extorsivo por parte de la mafia. Esto tuvo lugar a mediados de los años cincuenta en Missouri, EE.UU. Luego del fracaso del operativo para el cobro del rescate el bebé fue abandonado por sus captores en el interior de una cabaña en llamas. Cuando el magnate editorial Frederick Moore, dueño del diario “New Yorker Memorial” y verdadero padre del chico, llegó al lugar, pensó lo peor. Creyéndolo muerto en el incendio, tomó una dolorosa decisión. Pensando en su mujer más que en él mismo, optó por adoptar a un pequeño del mismo tiempo de vida que el hijo perdido, al que llamó Ciro, con la intención de hacerlo pasar por éste ante Lavinia, su madre.

El engaño funcionó, razón por la que Frederick guardó el secreto ante su esposa e hijo adoptivo para seguir adelante con su vida. Veinte años después, Ciro Moore se convirtió en el único heredero de la fortuna familiar, mientras que su medio-hermano, ‘Rocky’ Keegan, tuvo un pasar más modesto al cuidado de ‘mamma’ Letizia. Ambos muchachos crecieron ignorando su verdadera identidad, el primero en New York dirigiendo el popular periódico y el segundo en Torquay, Pennsilvania, trabajando desde la adolescencia como conductor de camiones para la compañía Eagle System. Pero el destino intervendría para que ellos se conozcan inesperadamente. En uno de sus viajes rumbo a la gran ciudad, Rocky se enfrentó a un grupo de matones. Un fotógrafo que conducía por la misma ruta registró el hecho, así como la paliza que el muchacho propició a los tres malvivientes. Esas imágenes pronto ganaron la primera plana del Yorker, teniendo múltiples repercusiones.

Frederick se sorprendió al observar las fotos, ya que le recordaron a él mismo en su juventud, por lo que comenzó a investigar sobre el pasado del joven. Y Ciro, que hacía tiempo llevaba adelante una fuerte campaña mediática tendiente a abolir el boxeo por considerarlo una práctica deportiva violenta, decidió contratarlo como guardaespaldas para protegerse de las amenazas del manager Lucius Flynn, uno de los más influyentes zares de ese deporte en norteamérica. Rocky aceptó el puesto por el beneficio económico que representaría para su madre, y ambos se trasladaron de estado, junto a Monk Wallon, un púgil de origen afroamericano ya retirado de la actividad.

ORIGINAL DE CANELO

Pero los problemas siempre acompañaron al joven. A poco de instalarse, otro amigo suyo, el viejo Moe Biggers, aceptaría subir al ring para tirarse en el cuarto round contra el retador Teddy Moldava por una gran suma de dinero. Nadie podría imaginar que el pacto no llegaría a cumplirse, por el inesperado deceso de Moe en el cuadrilátero. Lo que todos ignoraron fue que el ‘accidente’ no era más que una treta del astuto Flynn para forzar el ingreso de Rocky al mundo del boxeo, a sabiendas de su gran potencial.

Desde entonces, la promesa de Pennsylvania buscaría vengar a su amigo a fuerza de golpes, oponiéndose a los turbios manejos económicos boxísticos. Eventualmente, el título de campeón del mundo sería suyo. En el camino conocería la verdad sobre su origen, haciendo las paces con Frederick y trabando amistad con Ciro, pero decidiría no reclamar su apellido, con la intención de continuar siendo él mismo. Adoptaría al pequeño vagabundo  Rick, tras alejarlo de las calles y darle un buen hogar. Y mantendría romances de dispar suerte con varias mujeres, Malva Huppert, Denise Aubry  y Connie Blain, entre otras. Aunque ninguna de ellas tuvo en su vida la importancia de la redactora Deanne York y la empresaria Claire Powers, sus dos grandes amores. En definitiva, una vida tan compleja como interesante, arriba y debajo del ring. Plena de victorias, pero también de amargas derrotas.

 El equipo detrás del éxito

Resultado de la colaboración entre el gran guionista Ray Collins -Eugenio Zappietro- y el maestro Gerardo Canelo, la serie debutó en el primer número de lo que sería la última antología publicada por Editorial Columba, Nippur Magnum, aparecido en Diciembre de 1979. Desde lo argumental se observa alguna que otra influencia de la exitosa saga de filmes dramáticos centrada en el célebre boxeador italiano interpretado por Sylvester Stallone, del cual el protagonista comparte solo el nombre, utilizado como apodo, y la ascendencia europea, ya que en la práctica el dibujante desarrolló sus rasgos físicos tomando como referencia al actor norteamericano James Caan.

A nivel guión, Collins apostó por el desarrollo de tramas en apariencia lineales, acotadas en su extensión, pero siempre pensando en un desarrollo a largo plazo, con el famoso mecanismo folletinesco como método, consolidando en el tiempo a una rica galería de personajes secundarios sumamente humanos, entrañables. Las historias, independientemente de cada resolución particular, ahondaron en el melodrama y el humor con la misma naturalidad con la que pasaban a la acción, en un cóctel muy bien balanceado donde el contexto de época constituyó un elemento creativo más del relato.

El estilo desarrollado por Canelo, quien un año antes había cocreado el policial clásico ‘Alan Braddock’ con el mismo autor, se destacó por una narrativa fresca, concisa y llevadera, basada en la simplicidad de los trazos, rica expresividad en los personajes y un cuidado trabajo de fondos; elementos que le permitieron conforme se fue afianzando la obra sortear con creces la anodina grilla sobrecargada de viñetas, marca distintiva de la editorial por décadas, sorprendiendo desde la misma puesta en página más de una vez, con osados planteos gráficos repletos de dinamismo visual.

El equipo creativo sufrió algunas alteraciones con el paso del tiempo, los dibujantes Eugenio Zoppi y Horacio Merel se incorporaron al apartado artístico en diferentes momentos sumando sus aportes al lápiz, llegando a reemplazar a Gerardo -que cuando no dibujaba, entintaba- en la titularidad gráfica sobre el tramo final de la historia, para una veintena de capítulos. Canelo había estado a cargo de los primeros 150 episodios, y comenzó a alejarse del personaje al involucrarse cada vez más en el arte del recordado serial de época ‘Carbajo, Ganzúa y Compañía’, que estuvo escrito por Julio Alvarez Cao, para D’Artagnan. Los argumentos, por el contrario, siempre estuvieron a cargo de Collins, que supo firmar con algunos de sus seudónimos en varias ocasiones, no obstante.

El capítulo Nº 173 llevó por título ‘La Máquina’, siendo en la práctica, el final de la serie, que siempre tuvo mucha aceptación por parte del público, con una gran cantidad de lectores jóvenes entre sus seguidores. Se publicó en Nippur Magnum Todo Color Nº 80, de Noviembre de 1993. Lejos de colgar los guantes, el púgil volvió a ver sus aventuras reeditadas tiempo después en las páginas de D’ Artagnan, revista en la que permanecería hasta su cancelación, al final de esa década, ya con el sello de la palomita en pleno declive comercial y artístico.

Gracias a Gerardo Canelo, Alvaro de la Iglesia y Ariel Avilez.

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37 años, Licenciado en Comunicación Social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental escritor.

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