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Ozark: pueblo chico, lavado en grande

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Ozark: pueblo chico, lavado en grande

Una producción original de Netflix con Jason Bateman al frente y una historia mas que interesante detrás… ¿cómo no dejarse tentar?

Martin Byrde (Jason Bateman) es un importante asesor financiero de Chicago, con la vida bastante resuelta: tiene a su esposa Wendy (Laura Linney) y sus dos hijos Charlotte (Sofia Hublitz) y Jonah (Skylar Gaertner), le va bien en los negocios… ah, y también lava dinero para los Navarro, el segundo mayor cártel de México. Pero las cosas se le ponen mal cuando se entera primero de que su mujer lo engaña y luego, de que su socio le ha estado robando al cártel. Con un arma apuntando a su cabeza y un folleto de turismo en el bolsillo, Marty se ve obligado a improvisar: le promete a su jefe Camino Del Río (Esai Morales) que si respeta su vida y la de su familia, se mudará a la pequeña ciudad de Ozark, Missouri (¡tiene más costa que toda California!) donde seguirá lavando para él, incluso en forma más eficiente. Lejos de las complicaciones de la gran ciudad como competidores, policía, DEA, FBI y demás, se compromete a lavar 5 millones de dólares en un mes y 500 millones en cinco años.

LAVANDO ESPERO

Una vez en Ozark, Marty pronto descubrirá que su tarea no es tan fácil como la hizo parecer. El pueblo tiene su propio bajo mundo y la llegada de los Byrde rompe un delicado equilibrio de poder. Tal como explica Jacob Snell (Peter Mullan) «Somos un ecosistema cerrado y tú has venido a joderlo». Nadie está feliz con eso y los cadáveres no tardan mucho en comenzar a aparecer, lo que nunca es bueno para los negocios. Mientras intenta mantener la palabra que le dio a su jefe sin despertar las iras de los locales, Marty descubrirá que dar por supuesto que un hombre de mundo no tendría problemas en manejar a unos pueblerinos es un error que se paga muy caro. Y todo se complica aún más cuando Roy Petty (Jason Butler Harner) el arrogante agente del FBI que lleva el caso de la desaparición de su socio, llega al pueblo tras el rastro de Marty.

La serie es mucho más que una heredera indirecta de Breaking Bad. Es una historia original que atrapa fundamentalmente por sus extraños personajes. Si bien puede resultar un poco lenta (despegar le lleva más o menos cinco de sus diez episodios), probablemente estén tan fascinados por el desfile de criaturas que no tengan tiempo de aburrirse. Empezando por el propio Marty, un pez muy, muy chico que tiene que aprender a nadar con los tiburones a toda velocidad, con el enorme contrapeso que supone el no carecer por completo de conciencia. Si bien su moral no le impide lavar dinero del narcotráfico, cuando un rival le dice que si le busca las cosquillas la va a pagar una inocente (las palabras son «le arrancaremos ese bebé del vientre con un cuchillo de cocina») al frío hombre de negocios se le aflojan las piernas.

SORPRESAS TE DA LA VIDA

Les decía más arriba que la serie demora un poco en despegar, pero una vez que lo hace, nos regala algunas de las escenas más violentas e inesperadas de la pantalla chica. Y la palabra clave aquí es justamente «inesperadas». Como viejos lobos de pantalla, seguro que se ven venir desde lejos casi cualquier giro de la trama y ya no hay guionista que les resulte imprevisible. Sin embargo, creo que Ozark logrará sorprenderlos y en más de una ocasión.

Las actuaciones están a la altura de las circunstancias, estoy ante uno de esos raros casos en que no encuentro nadie a quién defenestrar por su trabajo. Ya sabemos de lo que Jason Bateman es capaz, pero el resto no se queda atrás. Destaca Jason Butler Harner, encarnado a un policía con mucho de psicópata. Esta primera temporada consta de diez episodios, nueve de ellos de una hora y el último de una hora y veinte minutos de duración. Los dos primeros y los dos últimos capítulos fueron dirigidos por el propio Bateman.

Aún no hay confirmación de que se la serie vaya a ser renovada, aunque los showrunners han dicho que la historia debería completarse a lo largo de unas cinco temporadas. Esperemos que esta muy buena serie no tenga el mismo y triste destino que otras producciones originales de Netflix, como Sense8, que han sido lamentablemente canceladas. Desde estas líneas, creemos que se merece como mínimo una segunda temporada.

 

 

 

 

Tiene 45 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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