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La Dieta de Santa Clarita me cayó pesada

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La Dieta de Santa Clarita me cayó pesada

Parece que cuando se trata de zombis, siempre hay lugar para uno más. ¿O no?

Puede ser que Tina Turner tuviera razón y no necesitemos otro héroe. Puede ser que Roger Waters estuviera en lo cierto y no necesitemos educación. Pero la pregunta que yo me hago es ¿necesitábamos otra serie de zombis?

NO

Netflix presentó está nueva producción con bastante misterio. Antes de su estreno, lo único que sabíamos era que  Santa Clarita Diet «sigue a Joel (Timothy Olyphant) y Sheila (Drew Barrymore), una pareja de agentes de bienes raíces radicados en el suburbio de Santa Clarita, en los Ángeles. Ambos llevan una vida rutinaria hasta que un suceso dramático los pone en un camino de muerte y destrucción… pero en buen plan». Lo críptico de la presentación estaba más que justificado. Si la hubieran publicitado como «otra vuelta más de tuerca sobre el tema zombi» probablemente no habría tenido tanto gancho. Pero ya con la primera temporada completa más que vista y rumores de renovación dando vueltas por ahí, no hay manera de ocultar la triste realidad.

Corazón

Picando algo…

Y es que esta serie viene a sumarse a propuestas como la icónica The walking dead, la patética Z Nation, o la entretenida iZombie, engrosando el ya sobrecargado panteón de no-muertos de la televisión actual. De todas las mencionadas, a la que más se parece es a la última, por sus zombis que no pierden la capacidad intelectual mientras puedan alimentarse y de esa manera pasan relativamente desapercibidos en la sociedad. En este caso es el personaje de Drew Barrymore quién un buen día y sin que sepamos porqué, se ve convertido en muerto viviente ansioso de comer, no específicamente cerebros, pero sí carne humana. Y a partir de allí se embarcará en una cruzada alimentaria/delictiva junto a su esposo, su hija Abby (Liv Hewson) y su vecino nerd Eric (Skyler Gisondo).

LA PRIMERA REGLA ES: QUE NO TE ATRAPEN

Santa Clarita Diet es como Amas de Casa Desesperadas, pero con asesinatos. Con más asesinatos, quiero decir. Tenemos un matrimonio de clase de media que vive en los suburbios con su hija adolescente, y orbitando a su alrededor unos cuantos vecinos y compañeros de trabajo bastante estereotipados. Solo que ella come gente. Y si la mezcla de géneros y temáticas no es en sí misma una mala idea, el caso es que esta vez no funciona.

No funciona la naturalidad en que Joel encaja el golpe de que su esposa asesine y devore personas (y sienta cierta excitación sexual al hacerlo). No funciona el que su hija se siga comportando como si el mundo siguiera girando alrededor de su ombligo. No funciona el que le pongan como posible interés romántico a un pobre muchacho con el que no existe el menor asomo de chispa. No funciona que aún cuando la familia intenta establecer una suerte de reglas de conducta, que me recuerdan al «código de Harry» por el cual se regía Dexter (en el sentido de que se plantean solo alimentar a Sheila con quienes «se lo merezcan») no haya verdaderas consecuencias para sus actos, que no dejan de ser criminales.

Vomito

¿Qué me pareció la serie? Una imagen vale mas que mil palabras

Mi teoría es que los guionistas no tenían ganas de andar complicándose la vida con dilemas morales o simplemente hacer que los actos de los personajes se vuelvan y les muerdan el trasero. Al menos hasta los últimos episodios, en los cuales desatan la consabida y esperable «apoteosis de final de temporada» en plan «si nos renuevan ya veremos que hacemos, pero por ahora embarremos la cancha a ver si así el público pide una segunda temporada».

Por el lado humorístico, la serie tiene sus momentos. Me arrancó muchas sonrisas, pero ninguna carcajada. Mas que el humor de situaciones, estamos ante el humor de diálogo, siendo lo más jugoso las conversaciones entre el matrimonio. De hecho, cuando incursionan en el humor físico muchas veces se van completamente de tema y caen en recursos tan poco inspirados como volcar condimentos sobre un libro antiguo o intentar de diversas maneras que una anciana vomite.

EN RESUMEN ¿LA VEO?

La verdad es que la respuesta a esta pregunta será distinta para cada persona. A mí me resultó llevadera (de hecho «se me terminó de golpe») pero si hubiera sabido como era antes de empezar a verla, no la hubiera mirado. Definitivamente, hay mejores propuestas humorísticas en la plataforma.

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Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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