El poeta argentino Hugo Mujica es un personaje de Game Of Thrones y no nos dimos cuenta…

El poeta argentino Hugo Mujica es un personaje de Game Of Thrones y no nos dimos cuenta…

“Uno ya no es su lenguaje, porque calla. Ya no es su identidad, su nombre ‘propio’, porque se lo cambia. Ya no es su reflejo, porque no hay espejos”.

El textual, tranquilamente podría ser una frase de Jaqen H’ghar, el misterioso asesino de la archiconocida serie Game Of Thrones que se emite por la cadena de televisión HBO, pero asombrosamente le pertenece al poeta y sacerdote porteño Hugo Mujica, que tuvo su vida de oración y penitencia durante siete años en un monasterio trapense.

En este artículo, querido lector, vamos a tratar de develar como ambos personajes se relacionan con la identidad, los espejos, el silencio, la oración, la vida y la muerte.

Un poco de historia

Hugo Mujica
nació en el barrio de Avellaneda en el año 1942 y antes de ser el reconocido escritor de poesía que es hoy en día (XIII Premio Casa de América de Poesía Americana, España), era un verdadero trotamundos; se fue de Buenos Aires en un viaje de aventura en los agitados años 60´ a los Estados Unidos. Durante su estadía conoce a los monjes trapenses de la abadía de Spencer (Boston). Ese camino de búsqueda lo llevará a otros dos monasterios trapenses: el de Azul, provincia de Buenos Aires; y al de Mont-du-Cat, Francia. En esos años de claustro y meditación empiezan sus otras vidas.

Jaqen H’ghar es un enigmático personaje de la serie Games Of Thrones (GOT) que tiene la habilidad de asumir distintas identidades y dar muerte por encargo. Es un Hombre sin Rostro que habita en el templo del Dios de muchos rostros en la ciudad de Braavos. (Hasta el momento, debido a que la serie está en curso)
Sobre los rostros, las identidades y los espejos

“Los rostros son para nadie, tú aún eres alguien, y para alguien… los rostros son tan buenos como el veneno”

La frase que podría pertenecer a Hugo Mujica, es de Jaqen H’ghar el fiel servidor de la legión de Hombres sin Rostro y seguidor del Dios de Muchos Rostros. En la serie, una de las prerrogativas para ser parte de esta congregación establece que se debe “olvidar la identidad” y entregarse al servicio del Dios de Muchos Rostros asesinando a alguien.

En la serie, los seguidores que habitan el templo, cortan los rostros de aquellos que van a morir allí y las cuelgan sobre un gran muro para que los Hombres sin Rostro, se las pongan tipo máscaras –asumiendo su nueva identidad- y las usen para realizar sus encargos.

¿Si alguien toma tu identidad, también toma tu vida? ¿Puede alguien abandonar su identidad por voluntad propia?
Estas son algunas incógnitas que se le presentan a la legión de asesinos que trabajan para el dios de muchos rostros.

Hugo Mujica en relación a la identidad dice lo siguiente: “Recuerdo el día en que salí del monasterio después de varios años y fui a tomar un ómnibus a Spencer. Me impactó terriblemente el rostro de la gente. Tuve la sensación de ver máscaras. Sobre todo me impresionó mucho la pintura de las mujeres y la tensión de la cara de los hombres. Tuve la sensación de que afuera del monasterio había una vida desfigurada por mil cosas”

En ese textual, Mujica se cuestiona sobre la lenta agonía de un yo verdadero y profundo que da paso a un yo enmascarado; Tanto la pintura en el rostro de una mujer, como la tensión en un hombre hablan sobre las desgastantes y superficiales obligaciones de la vida mundana.

¡Silencio! Hombres meditando en el templo

Hugo Mujica pasó gran parte de su vida en distintos templos. En varias entrevistas menciona que se dan una serie de ritos; entre ellos, el uso de túnicas largas e iguales, la cabeza calva hace a la uniformidad de todo servidor. También es necesario que uno deje de ser un propio proyecto para convertirse en algo “en común”, el silencio y la oración permite compartir un mismo lenguaje y un mismo dios, y un dato significativo es que no hay espejos, por lo tanto, uno mismo no es el propio reflejo.

En el Monasterio Trapense en Azul, Hugo Mujica vivió siete años de silencio y meditación. “Creo que esa fue la experiencia eje de mi vida. Si hay un antes y un después son esos siete años, o ese minuto, da lo mismo. Algo extra se abrió en mí. Yo siento sobre los demás algo así como la ventaja de tener un pulmón extra, que son esos siete años de silencio, de soledad, de vivir en un espacio donde se está bien
En relación al silencio y la oración, los seguidores del Dios sin Rostro realizan tareas similares, por ejemplo, en la serie se los ve orando y encendiendo velas en los altares de los dioses de la muerte.
Sobre la muerte (o la elección de ella)

Alba


(…)Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
de un torso de mármol,
son los que lloran cuando creen
estar hablando, o gritan soñando,
pero al alba olvidan el grito
con que encendieron la noche (…)


La vida da, siempre y a todos, la posibilidad de experimentar un nacimiento y una muerte, un tiempo de desamparo y un tiempo de cobijo, el peso de un error y la libertad de un perdón, da la soledad y da el amor… La vida da a todos, y siempre, su decirse, su manifestarse: su experiencia
Los fragmentos del Poema y el ensayo pertenecen a Hugo Mujica, ambos se interrogan acerca de la inevitabilidad que aqueja a los mortales, el nacimiento y la muerte.

 

“Valar Dohaeris” (todos los hombres deben servir)

En la serie GOT, el templo donde moran los seguidores del dios de muchos rostros se denomina La Casa de Negro y Blanco, su entrada tiene dos puertas; una es de madera blanca de arciano y la otra de madera negra de ébano, una representa a la vida y la otra a la muerte. Los seguidores de este dios se caracterizan por creer en la muerte como un fin misericordioso al sufrimiento.

“Valar Morghulis” (todos los hombres deben morir)
Los devotos del Dios de Muchos Rostros pueden elegir su muerte. En el centro del templo se encuentra una fuente y quienes toman su agua con una copa negra mueren sin dolor. Esta opción no es considerada como un regalo de su Dios, sino un honor para sus seguidores puesto que su rostro y alma pasan al servicio del Dios de Muchos Rostros y de los Hombres sin Rostro.


Tanto el asesino Jaqen H’ghar como el poeta Hugo Mujica encontraron su redención en un templo orándole a un dios. Uno es el dios de la muerte y el otro el dios de la vida (quizás ambos sean el mismo dios, quien sabe)

Sobre el autor

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