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Revisionismo superheroico

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Revisionismo superheroico

Repaso pormenorizado del primer arco argumental de Jupiter’s Legacy, serie de Mark Millar y Frank Quitely para Image Comics, recientemente editada en nuestro idioma por Utopía Editorial.

Repaso pormenorizado del primer arco argumental de Jupiter’s Legacy, serie de Mark Millar y Frank Quitely para Image Comics, recientemente editada en nuestro idioma por Utopía Editorial.

 

Polémica en el fandom

Investigando para esta reseña, me puse al tanto de cierta controversia en torno al guionista Mark Millar. Concretamente, de que parte de la prensa especializada y no pocos fans lo acusan de crear sus últimos trabajos pensando más en Hollywood y sus posibles adaptaciones cinematográficas que en el público comiquero, lo cual me resulta una estupidez como precepto. Al margen de trabajos menores, el escocés tiene en su haber suficientes obras de calidad como para ser considerado un buen guionista, por lo que sería adecuado otorgarle el beneficio de la duda, vale decir, leer primero y opinar después; lo otro es meramente anecdótico. No está demás recordar su interesante etapa en Ultimate X-Men, The Ultimates, o la lograda Civil War, por solo mencionar algunos de sus grandes aportes para las diferentes líneas de Marvel Comics.

Algo parecido, en menor escala, y por otros motivos, sucede con Frank Quitely, otro escocés que supo coincidir con el escritor en The Autorithy, título creado por Warren Ellis y Brian Hitch en 1999. Con él, la discusión pasa por su estilo, al que algunos tildan de demasiado ‘europeo’ para el comic mainstream de superhéroes, defendiendo esa postura con argumentos tales como que sus rostros son demasiado parecidos o que suele renegar de dibujar fondos, entre otros. Nuevamente no me toca coincidir, puesto que la reinterpretación que hizo junto a Grant Morrison de la franquicia mutante en New X-Men, o la maxiserie All Star Superman, en clave fantástica y sci-fi, convergiendo elementos de la mitología del kriptoniano provenientes de diferentes épocas, hablan por sí mismos y contra cualquier detractor. O te gusta o no. Punto.

Los cinco números que integran el logrado primer volumen de Júpiter’s Legacy fueron  publicados originalmente en Estados Unidos en 2013. Este año salió a la venta un segundo arco argumental compuesto por seis nuevas entregas, a cargo del mismo equipo creativo, que esperamos ver por estos lares pronto, ya que estos comics no presentan un final cerrado ni mucho menos. De hecho, generan mucha expectativa y dejan varias puntas para retomar.

Kingdom Come y después

El planteo argumental tiene que ver con dos generaciones de superhéroes enfrentadas por diferentes modos de acción en torno a la humanidad y su devenir en el mundo. Puestos a encontrar referencias válidas en el medio, la lista es larga. Puntos en común con Watchmen, obviamente la propia The Autorithy, Astro City, Powers, y algunos trabajos más. Pero es Kingdom Come, genial Elseworld de Mark Waid y Alex Ross -1996-, la obra que me vino a la memoria mientras leía el material. La diferencia básica en torno a aquella miniserie de DC Comics es que aquí la primera generación de superhéroes se mantuvo en actividad durante décadas, impidiéndole a la segunda, su propia descendencia, tomar permanentemente el relevo. Y otra notoria diferencia tiene que ver con el carácter coral en el protagonismo, que acá es algo más reducido, al centrarse prácticamente en cuatro personajes.

Tres temporalidades diferentes confluyen en el eje del relato, el presente propuesto es la actualidad, con dos flashbacks a la década del treinta, conforme avanza la trama,  pero también flashfowards a 2022. Todo se inicia en 1932, cuando el joven Sheldon Sampson logra convencer a un grupo reducido de familiares y amigos para que lo acompañe a una expedición por las costas de Africa. El objetivo es una misteriosa isla que aparece insistentemente en sus sueños. Norteamericano, de familia acomodada, que acaba de perderlo todo tras la crisis económica de 1929, el protagonista ve allí la posibilidad de un nuevo comienzo, para él y los suyos, obviamente, pero también para su país. La aventura llega a buen término cuando retornan a EE.UU. convertidos en superhéroes, participando desde entonces en todos los grandes eventos históricos conocidos, además de enfrentar reiteradamente a los consabidos supervillanos de turno.

Sampson asume la identidad de The UtopianSuperman-, acompañado por su pareja, Grace Kennedy, alias Lady Liberty Wonder Woman-. La relación entre ambos prospera desde aquellos lejanos años treinta, y para el momento en que se desarrolla el grueso de la trama, 2013, tienen dos hijos veinteañeros, Brandon y Chloe, posiblemente con un caudal de poder superior al de sus padres, pero sin su compromiso con la causa superheroica, y claramente renuentes a seguir el legado familiar. De hecho, se comportan como verdaderas celebridades. Fiestas, drogas, sexo  y excesos, en parte por rebeldía y también por no encontrar su lugar en ese mundo. Paralelamente, recrudecen las peleas entre Sheldon y su hermano Walter, Brianwave, al respecto del grado de intervención en el devenir político del país, desencadenando una tragedia familiar que se convertirá en el punto de quiebre de la historia.

Este tramo del relato es el mejor planteado y desarrollado, a diferencia del que transcurre en la década del treinta, apenas esbozado desde el guión, que sólo sale a flote por todo el despliegue artístico de Quitely. Igualmente, una lectura atenta arroja la sensación de que se le podría haber sacado más jugo, focalizando en cuestiones puntuales que quedan soslayadas o dadas por sobreentendidas en función de la necesidad de hacer avanzar la trama. El corte entre este período histórico y el que viene inmediatamente después, ambientado nueve años en el futuro, puede parecer demasiado abrupto, pero el giro presentado sobre esta temporalidad, mostrando el status quo imperante tras aquellos crueles asesinatos, vuelve al final muy interesante, avanzando en la evolución del personaje de Chloe de modo impensado, y trasladando el protagonismo a una tercera generación de la familia original, incluso.

La gente del futuro

En síntesis, Jupiter’s Legacy es una propuesta recomendable para cualquier fan del comic de superhéroes, que probablemente quede a mitad de camino en la consideración si las expectativas del lector son altas, pero no por incapacidad de los autores, precisamente, sino más bien por elección. El modo de trabajo propuesto, arcos argumentales de cinco números para cumplir con el tiempo que le demandan al dibujante las fechas de entrega estipuladas sin una merma en la calidad ni la necesidad de utilizar ‘suplentes’, así como el hecho de lo ambicioso del trabajo, abarcando tres temporalidades diferentes, obliga a que parte de la potencialidad que encierra se pierda en el recorrido, ya que los tópicos transitados bien darían para el desarrollo de una gran serie regular, que explore con mayor profundidad y adultez esas mismas facetas.

Muchas son las preguntas a responder sobre el devenir de la saga, hay cuestiones del pasado que fueron ignoradas completamente, al margen del volumen spin-off titulado Jupiter’s Circle, de 2015, cinco números más ambientado en la década del cincuenta, escritos por Millar y dibujados por Wilfredo Torres. Pero también son bastantes las incógnitas al respecto de cómo seguirá el plot del futuro, aunque todo parece indicar que una nueva desgracia familiar es inevitable. Habrá que ver cómo sigue todo si es que la gente de Utopía Editorial continúa la publicación. A propósito de ello, la labor local es óptima, tapa con relieve, buen papel, costo acorde, y el detalle de incluir cada una de las portadas originales en el tomo, que siempre suma. Se podrían mejorar un poco, no obstante, algunas cuestiones menores de traducción y rotulado, pero el balance general es positivo.

Desde este espacio, saludamos la iniciativa de intentar consolidar un catálogo editorial centrado en la publicación de material norteamericano con un perfil más ‘de autor’, en lugar de apostar siempre sobre seguro, comercialmente hablando. Es una alternativa que nuestro pequeño mercado sin duda estaba necesitando, y bien vale el apoyo de los lectores en sus diversas publicaciones.

 

37 años, Licenciado en Comunicación Social. Comiquero por naturaleza, casi. Cinéfilo. Voraz lector, accidental escritor.

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