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POWERS: LA NECESIDAD DE ROMPER

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POWERS: LA NECESIDAD DE ROMPER

Una recomendación del famoso título creado por Brian Michael Bendis, a partir del resumen de sus cuatro primeros arcos argumentales.

Debo confesar que la primera vez que leí Powers no me gustó.  O mejor, me gustó a medias. No logró hacer mella suficiente, me pareció estirado y confuso, lo cual era malo, pues había comprado dos tomos a la vez. Dejé reposar unos meses el primer libro, ¿Quien mató a Retro Girl?, y volví a la carga con el segundo, Juego de Rol, a la vez que releía (ahora con verdadera delectación) el primero. Esto habla a las claras de que las lecturas y los lectores son misterios que se rigen con lógicas internas.

Porque de pronto Powers me pareció alucinante. Y altamente adictiva.

La serie estaba repleta de diálogos ingeniosos, las tramas eran interesantísimas y se revisaba el concepto de Astro City, salvando las distancias claro está, porque Powers es un policial puro ambientado en un mundo de superhéroes. También estaba el trabajo de Michael Avon Oeming en los lápices, un trabajo excepcional, con puestas de página horizontales -muy cinematográficas- y  portadas originales e impactantes. Seguí con Insignificante y Supergrupo, y Powers pasó a ser algo fundamental en mi vida comiquera. Quizá no al punto de ponerlo en una lista de imprescindibles,  pero sí todo un proveedor de momentos placenteros.

Había otro escollo, claro, y era esa manía de Bendis por cerrar a medias las historias. De no ser concluyente en muchas oportunidades. (Cierta vez un amigo me pidió que le describa Powers, y le dije que cada arco argumental era como uno de esos chistes largos, ingeniosos, contados a puro talento, que te hacen partir de risa, pero que su remate no está a la altura. Como si toda la gracia contara para el desarrollo, y el final no fuera algo importante, o mejor, fuera una mera excusa).

Ese escollo, hoy en día, también lo superé.

Para hacer un poco de historia, Powers fue publicado en EE.UU por Image Comics en el año 2000, y se convirtió en una longeva y exitosa serie de muchísimos números, que luego abandonó Image para pasarse a Icon, subsello de Marvel. En castellano lo editó Planeta y luego reeditó Panini (como no podía ser de otra manera), aunque hoy día no es tan fácil acceder a los 14 tomos, y el distribuidor de Panini en Argentina (Elektra) te ofrece invariablemente los cuatro primeros en promociones que, nadie que esté en la búsqueda de algo nuevo y no conozca el título, debería dejar pasar. Para conseguir los otros, hay que encomendarse a la aventura y tener paciencia. Vale la pena.

Bien, basta de palabrerío y vamos a la historia propiamente dicha. El policía Christian Walker tiene a su cargo el departamento que lidia con los súper-poderes (sí, el personaje central es un policía, lo cual ya es original teniendo en cuenta el papel abyecto, casi de mueble que nadie sabe para qué está, que los policías tienen en los cómics heroicos).  Walker se ocupa de investigar casos policiales que involucran a superhéroes. Por supuesto, esconde un secreto, que un Bendis impaciente no tarda en revelar. Aquí desaprovecha, a mi gusto, una buena oportunidad para darle al cómic un enigma que hubiera llevado más suspenso a la serie con el correr de los números, aunque hay quien pueda decir que dicha revelación era necesaria para encauzar los argumentos a gusto del guionista. Y tampoco está mal.

Walker, a su vez, tiene una compañera -Deena Pilgrim- que adquiere un rol secundario pero por momentos muy potente. Lentamente crece la tensión sexual entre ambos, lo que complica la relación laboral.

(Spoilers!)

¿Quién mató a Retro Girl? es el primer libro y, como dijimos, además de presentar a los personajes y  ubicar al lector en el particular mundo creado por los autores, nos presenta una buena historia policial, con un enigma que debe ser resuelto. La heroína más querida de la ciudad es asesinada en sórdidas circunstancias, y la investigación se dirige hacia caminos lógicos pero, inesperadamente, erróneos.

Juego de Rol, el segundo libro, está menos logrado en su desarrollo pero su idea es, a priori, más rompedora. En el campus universitario aparecen jóvenes muertos, con atuendos de superhéroes famosos.  Inmersos en el tedio de un juego de rol, la necesidad de hacerlo más real, y por consiguiente riesgoso, conlleva una masacre absurda bajo el aparente disfraz de un juego inocente, pero a su vez mortal.

El tercer tomo se titula Insignificante. Retoma de forma absurda la idea del primero, sólo que en este caso el superhéroe muerto es Olimpia, encontrado desnudo en su cama con evidencias de haber muerto después de consumar el acto sexual. Acá la investigación se dirige hacia las amantes, también con alguna que otra sorpresa en el viraje de una trama que parece quedar inconclusa. Párrafo aparte merece el capítulo que emula una revista “del corazón”, con sus respectivas publicidades y notas. Penetrar el perfil de un personaje desde este insólito punto de vista es una apuesta altísima de Bendis: una jugada virtuosa dispuesta a romper esquemas.

Y por último el cuarto tomo, Supergrupo, el más trágico y oscuro. Superhéroes creados por el gobierno que, bajo la fachada de la fama y la buena vida, son sin saberlo convertidos en bombas humanas para poder así desactivarlos en cuanto se corran un centímetro de las “directivas oficiales”. Las consecuencias de esta historia para con nuestro detective son nefastas y el desarrollo de Powers por primera vez se torna dramático de veras.

Conclusión

Obviamente es que te tires de cabeza al mundo loco  de Powers, creado por un gran guionista que trabaja mucho mejor con sus propias ideas que en el mainstream (al menos, es mi opinión después de haber leído buena parte de su etapa al frente de los X-Men). El trabajo visual de Oeming tampoco te va a defraudar. Podría contar mucho acerca de esta serie pero preferiría que el lector que aún no se acercó a ella, la descubra por sí mismo.

Para cerrar, una anécdota que pinta a la industria americana de cuerpo entero: cuando en 1999 se buscaba una editorial para el cómic en cuestión, la ofrecieron a DC/Vértigo y ésta la rechazó de plano. Diecisiete años después, leemos Powers y nos renovamos con su frescura, al tiempo que contemplamos absortos como año a año DC bombardea el mercado con productos vacíos y estériles, confianzudos del cheque en blanco que son sus lectores.

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34 años, fotógrafo. Lee cómics desde los 10, y en este campo se autodefine como un "orgulloso exponente de la generación Perfil".

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