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Terry Pratchett, in memoriam

FANTACIENCIA

Terry Pratchett, in memoriam

El Dr. Jota Farias recuerda al escritor británico fallecido el pasado 12 de abril

Un galope quiebra el silencio de la noche. Es un ruido apagado, mas imaginado que oído, porque el caballo no corre por la tierra sino por el cielo. El jinete parece, dentro de sus posibilidades, triste. Y digo dentro de sus posibilidades porque es harto difícil para un esqueleto el no sonreír.

Pero Muerte no sonríe hoy.

HAY VECES, BINKY -le murmura a su montura- EN QUE ME GUSTARÍA NO TENER QUE CUMPLIR CON MI DEBER.

El jinete llega a destino. Descabalga y entra en la vieja casona inglesa. Con la maestría que da la experiencia, realiza su labor. La hoja despide su brillo azul, una vida es segada y Sir Terry Pratchett se toma del brazo de Muerte para juntos atravesar la pared hacia el prado en el que Binky pace aguardando a su amo.

-No -la palabra suena como un disparo, pronunciada por una voz que es, en cierta forma, un arma.

SEÑORITA CERAVIEJA, SIEMPRE ES UN PLACER VOLVER A VERLA.

-Lo mismo digo -la mirada de la anciana bruja sugiere que esto último no es… del todo cierto- ¿Cómo está tu brazo?

BIEN, BIEN, NO HA VUELTO A MOLESTARME

-Me alegro. Me alegro.

EJEM. ME PARECIÓ QUE ME PEDÍA QUE NO HICIESE ALGO ¿ES ASÍ?

Yaya sonríe. Un espectáculo que ningún mortal desea contemplar muy de cerca. Y tampoco ninguna Representación Antropomórfica.

-Tranquilo. Solo quiero un par de minutos con el caballero antes de que te lo lleves -y señala con la cabeza hacia los árboles cercanos, dónde algunas figuras se van materializando como si fuera cosa de magia (que precisamente es lo que es)- queremos despedirnos. Solo un par de minutos.

Muerte asiente solemnemente.

La fiesta duró toda la noche. Pero el tiempo, Muerte lo sabe, es relativo, así que en cierta forma fueron solo un par de minutos.

En ese par de minutos eternos, se oyeron y se vieron muchas cosas. Tata Ogg entonó la canción del puercoespín con un coro de enanos que no se sabían la letra, por lo que la mitad cantaba “oro” y la otra mitad, “aibó”. Magrat no lloró hasta el último momento, hay que reconocérselo. Y cuando Verence consternado le alcanzó un pañuelo de colores de sus tiempos de bufón, volvió a reír. La Guardia Nocturna en pleno se formó para saludar al Maestro con una salva de 10 llamas de dragón y casi no hubo heridos de gravedad, aunque el sombrero de Sir Terry ya no volverá a ser el mismo. El Patricio dio un emotivo discurso (“Gracias por todo. No permita que lo retenga.” dijo y le estrechó la mano “Esto fue un emotivo discurso”, agregó y no hubo quién le discutiera). Leonardo Da Quirm y el gremio de alquimistas organizaron un espectáculo de fuegos artificiales, con resultados similares a los de la salva de dragones, pero con un alcance diez veces mayor. Por suerte andaba Igor por allí con toda su familia. Aprovechando la confusión, Rincewind se llevó aparte a Terry para preguntarle sobre su propia muerte (“Yo tampoco sé cuándo será” dicen que fue la respuesta, para alivio del mago). Ridcully le dio un abrazo capaz de contusionar a un oso de tamaño mediano mientras el resto de los magos le explicaban punto por punto todos los errores que habían encontrado en las novelas y le daban ideas para corregirlos. El Bibliotecario pronunció un discurso que llenó de lágrimas los ojos de todos (la parte del “Oook, ok oook eeek” fue la que provocó el llanto de Magrat) pero más que nada del Tesorero, ya que por algún motivo se subió a sus hombros para hacerse oír. Y cerca de una niña pequeña con una sartén en la mano (que a la vez era una niña no tan pequeña con un sombrero puntiagudo), el suelo temblaba al grito de ¡Pardiez! y la comida y la bebida desaparecían misteriosamente. Mientras el esfumino corría como agua y la gente corría como solo puede correr quién ha bebido esfumino, YVALR Escurridizo vendía cosas en un palillo y pasteles de carne al ritmo del Baile Morris (“Total… ya no necesito mi aparato digestivo” dicen que comentó Terry cuando Escurridizo le regaló uno). Húmedo Von Mustachen intentó dar un discurso también, sin embargo bastó una mirada de Vetinari y otra de Adora para convencerlo de que no era buena idea. Todos los gremios se hicieron presentes, desde los asesinos hasta los mendigos, pero aún estos últimos se mantenían apartados de un pequeño grupito del que surgía un olor pintoresco. Solo Cohen y la Horda de plata entablaron algo parecido a una conversación con el grupo y los gritos de “¡Mande!” rivalizaron con los de “¡Mano de milenio y gamba!” por un buen rato. Dosflores y Otto Alarido tomaron iconografías de todos los presentes, hasta de un anciano insignificante con cara de no entender nada que andaba de un lado a otro con una escoba. Greebo y el Equipaje sostuvieron una competencia de miradas que fue declarada en tablas. Lady Sybil y el Señor Vimes le dieron a Sir Terry las gracias por el Pequeño Sam, mientras el susodicho se abrazaba a su pierna y le ofrecía un chupetín (que fue aceptado, porque no se desaira al hijo de un Duque).

Al final, cuando el sol ya despuntaba, Muerte le ofreció a Terry una vez mas su brazo y todos supieron que era la última vez. Se alejaron por el prado y al llegar junto a Binky, una voz surgió de lo que parecía ser un trapo sucio tirado de mala manera junto a las patas del caballo.

-Esteee… -dijo la voz- ¡Guau! y ¡Arf! ¡Qué lindo perrito! ¡Me lo llevaría conmigo! ¡Arf! ¡Llévate al perrito!

Terry sonrió con cariño, acarició la cabeza del chucho (arriesgándose a ser la primer persona en contraer múltiples enfermedades cutáneas post morten) y le dijo:

-Gaspode… sabes bien que no se puede.

-Sí, jefe. Ya lo sé. Pero mal que me pese y si dice que lo dije diré que está mintiendo… soy un perro. Soy SU perro, jefe. Me voy con usted.

-Pero Gaspode -dijo el Maestro, mirando a Muerte- hay reglas.

SI. HAY REGLAS. Y UNA DE LAS MAS ANTIGUAS, ES LA LEALTAD.

Y dicho esto, los tres montaron en Binky.

Después, pasaron cosas.

Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

3 Comentarios
  • Berni S. Palau

    Bravo, has captado toda la esencia de Mundodisco. Sir Terry estaria orgulloso, me has emocionado.

    • Jota Farias

      Muchas Gracias, Berni. Vos me emocionaste con ese comentario. Y perdón por responder tan tarde.

  • Ermitaño Urbano Saiyajin

    Muy bueno, me emocione.

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