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Per Aspera, Ad Astra: Historia de la Ciencia Ficción (Segunda Parte)

FANTACIENCIA

Per Aspera, Ad Astra: Historia de la Ciencia Ficción (Segunda Parte)

Segunda parte de la reseña histórica de Jota Farias que nos acerca a una clara definición de los alcances del género.

LA EDAD DE ORO
(Fines de 1930 a 1950)

peraspera222-jsdhjsdh01Durante la década del 30 en los estados unidos se popularizó un tipo de revistas conocidas como «pulp magazine» o «pulp» a secas. Este apodo se debía a la pulpa de papel económica en la que estaban impresas. Se trataba de publicaciones de muy bajo costo que niños y adolescentes consumían en abundancia. La primera de estas revistas fue Argosy, que había sido fundada 1882 como un magazine juvenil y adoptado el formato pulp en 1896. La clave del éxito era sencilla: bajos costos de impresión gracias a las nuevas máquinas de vapor, papel de baja calidad y colaboradores en su mayoría no profesionales. En 1905 apareció The Popular Magazine, que introdujo la presentación de relatos serializados, principalmente las historias sobre imperios perdidos de Henry Rider Haggard y añadió a la fórmula el uso de portadas llamativas. La proliferación de este tipo de revistas llevó a la especialización: mientras algunas publicaban exclusivamente relatos de aventuras, otras se ocupaban de relatos de terror, otras de fantasía y otras, por supuesto, de ciencia ficción.

El primer Pulp dedicado exclusivamente a la ciencia ficción fue Amazing Stories, fundada por Hugo Gernsback en abril de 1926. Ya mencionamos a Gernsback en la primera parte de esta serie de notas y volveremos a mencionarlo en futuras entregas. En enero de 1927, la revista incorporó una sección de cartas de los escritores, que puso en contacto a los hasta ese entonces dispersos aficionados. La idea fue rápidamente copiada y se convirtió en algo común en todo pulp, plantando la semilla de lo que llegaría a ser el fándom.

Muchos reconocidos autores ciencia ficción iniciaron su carrera en Amazing. Jack Williamson, quizá el autor con la carrera más larga en la historia del género (nueve décadas, desde 1928 a 2005) publicó por primera vez en esta revista, aunque pronto estaba escribiendo en todas las demás. También lo hizo Edmond Hamilton, quién más tarde se convertiría en el primer escritor en recibir un premio por votación (el Jules Verne por The island of unreason, aparecido en 1933 en Wonder peraspera222-jsdhjsdh02Stories). Y E. E. Doc Smith, que en 1928 pudo publicar en capítulos su novela La estrella apagada; hacía ocho años que la había escrito, pero no consiguió verla impresa hasta la aparición de Amazing. En 1934 el mismo autor publicó, también en Amazing, Triplanetario, que serviría como base para su serie de Los Hombres de la Lente (considerada una de las mejores sagas de todos los tiempos). Otro nombre importante de esos días es Stanley G. Weinbaum. Su obra es breve: apenas unas dos docenas de relatos, la mayoría de publicación póstuma y dos novelas, ambas publicadas mucho después de que lo matara un cáncer de pulmón en 1935. Pero su primer relato de ciencia ficción, Una odisea marciana aparecido a fines de 1934 en Wonder Stories, fue pionero en su revolucionario modo de tratar a los alienígenas. Las criaturas extraterrestres descriptas por Weinbaum están integradas a su entorno, por lo que resultan mucho más creíbles que las maniqueas creaciones que impregnaban las páginas de los relatos de la época y eran poco más que excusas para permitir que el héroe de turno se luciera rescatando a la doncella en apuros. El relato no pasó desapercibido en su momento, pero faltaban aún unos años para que el resto de los escritores siguiera su ejemplo.

Para ese entonces, algunas de las más exitosas revistas pulp tenían tiradas superiores al millón de ejemplares. La ciencia ficción creció, se multiplicó y se popularizó por este medio. Pese a las excepciones constituidas por los autores mencionados más arriba, la calidad del material impreso habitualmente era tan mala como el papel en que se imprimía, lo que forjó la asociación entre literatura de género y mala literatura. Pero alguien estaba a punto de cambiar el juego.

En 1938, Orlan B. Tremaine elige al escritor John W. Campbell para que lo suceda como editor de la revista Astounding Science Fiction. Desde ese puesto, Campbell se convertiría en artífice de una auténtica revolución en el género: se rodeó de nuevos autores que incorporaron temáticas más novedosas y sobre todo, les exigió un tratamiento mucho más riguroso de la ciencia, así como una mayor calidad literaria en la historia. Una de las reglas que debían seguir quienes aspirasen a ser publicados por Campbell era «Mostradme unos alienígenas que piensen tan bien o mejor que un humano, pero no como un humano», consolidando el paradigma iniciado por Weinbaum. Todo esto devino en un enfoque más adulto de las historias de ciencia ficción, despegándolas del hasta entonces extendido cliché que las sindicaba como aventuras para adolescentes.

Por otro lado, a menudo se acusa a Campbell de realizar un control ideológico demasiado estricto, lo que llevó a algunos de sus escritores de confianza a publicar sus obras más experimentales (que no pasaban el férreo filtro del editor) en otras revistas, mientras que a importantes autores como Ray Bradbury o Phillip K. Dick directamente se les cerraban las puertas de Astounding. Esta división devendrá en la actual separación entre ciencia ficción «dura» (historias donde el peso de la trama está en el aspecto científico) y ciencia ficción «blanda» (que se centra en las relaciones entre personajes, dejando un poco de lado los detalles técnicos).

peraspera222-jsdhjsdh03Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se produce lo que podríamos llamar el auge máximo de la ciencia ficción. Las revistas especializadas mostraban llamativas portadas en las que un BEM (iniciales en inglés de Monstruo de Ojos Saltones) amenazaba a alguna mujer semidesnuda: un gancho para seguir atrayendo a los adolescentes que aún eran sus principales consumidores, pero los argumentos y temáticas seguían ganando en adultez. Junto a la calidad, mejora también la cantidad de revistas del género: surgen hasta 15 nuevas publicaciones por año. Incluso, alguna que otra desembarca en Europa. Tal el caso de la francesa Galaxie, hermana de la estadounidense Galaxy que comienza a aparecer en tierras galas a partir de 1950. Inglaterra, por su parte, había tenido su propio fenómeno proto-pulp en forma de las Dime Novels y los Penny Dreadfuls de la segunda mitad del siglo XIX, que contaban las hazañas de soldados y bandoleros, en un formato de revista barata destinada al consumo popular: se vendían a 10¢ (one dime,) y a un centavo (one penny) respectivamente.

Algunos de quienes se convertirían en pilares del género surgen durante esa época: Alfred Elton Van Vogt, Isaac Asimov, Lester del Rey, Clifford D. Simak, L. Sprague de Camp, Hal Clement, Theodore Sturgeon, Arthur C. Clarke, Robert A. Heinlein. Este último fue en gran medida quién logró que publicaciones de contenido más general admitieran en sus páginas historias de ciencia ficción, dándole acceso al género a un público que hasta ese entonces le estaba vedado. De igual manera, se produce el proceso inverso: autores que no se dedicaban exclusivamente a la ciencia ficción incursionan en el género. Los aportes de escritores como Aldous Huxley (Un mundo feliz), C.S. Lewis (La trilogía de Ramson) y en castellano Adolfo Bioy Casares (La invención de Morel) y Jorge Luis Borges (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius), prestigiaron al género al asociarlo con nombres famosos de la literatura.

En lo que respecta al formato, la mayoría de la literatura de ciencia ficción que se escribe son relatos o bien novelas que aparecen serializadas en las revistas para luego ser publicadas como libros. Es en estos días cuando Asimov enuncia sus famosas Tres Leyes de la Robótica para sus historias de robots (muchas de las cuales aparecen recopiladas en el libro Yo, Robot) y comienza la saga de la Fundación, siguiendo algunas sugerencias del propio Campbell. Heinlein escribe la mayoría de sus novelas juveniles y gran parte de los relatos y novelas cortas que conformarán su Historia del futuro. Van Vogt presenta el clásico de la ciencia ficción sobre mutantes Slan y sus dos obras de space opera filosófico El mundo de los No-A y Los jugadores de No-A.

Es en esta época cuando se forman dos de los conceptos más importantes de la ciencia ficción: el Sentido de la Maravilla (generalmente definido como la capacidad para imaginar elementos, ya sean personajes, contextos o escenarios notablemente diferentes de la realidad, maravillando al lector) y la Literatura de Ideas (la obligación de aportar profundidad a los relatos, no quedándose en la simple aventura). La literatura fantástica se ponía los pantalones largos y empezaba a abandonar el «ghetto» en el que había nacido, disponiéndose a expandir sus horizontes.

Tiene 46 años, es programador y lee ciencia-ficción desde que tiene memoria, aunque su primer libro "serio" lo leyó a los 12.

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