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Muerte y resurrección de Bond y su franquicia

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Muerte y resurrección de Bond y su franquicia

007: Operación Skyfall . Dirección: Sam Mendes. Elenco: Daniel Craig, Javier Bardem, Judi Dench, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Ben Whishaw, Albert Finney. Origen: Estados Unidos-Gran Bretaña (2012). Duración: 143m.

 

Bond increíble, un personaje emblemático para la historia del cine que acaba de cumplir sus primeros 50 años de vida. Y me atrevo a decir, sin intentar faltarle el respeto a nadie, a ningún intelectual del cine, ni a ningún nostálgico del mismo que estamos delante del mejor Bond. Por lo menos el primero que se hizo presente en este ritual que es el cine mismo…para mí. Esta cinta de Bond, la número 23, la tercera con Daniel Craig como protagonista y la primera con Sam Mendes como director, me produjo ganas de charlarla, de masticarla de desmenuzarla. Ya no con un café de por medio como a la salida de esos viejos cineclubs de barrio, sino con una birra bien pero bien fria. El siglo 21 muchachos.

Sir Sean Connery me regalo “Never Says Never Again” (1983), una cinta de la que hablo siempre o casi. Es una anécdota en sí misma. Porque lo tenia a él nuevamente con 53 pirulitos a cuestas como el elegante agente secreto, porque nadie la quiso en su momento, porque es una versión no oficial de una misma novela que Connery protagonizo también como Bond en 1965 (Thunderball), porque el título esta dedicado a una promesa incumplida de Sean con su esposa (prometió no volver a interpretar al agente y la traducción es una suerte de “Nunca digas nunca”) y principalmente porque esta dirigida por Irvin Kershner, director de la mejor película de la saga Star Wars:  The Empire Strikes Back.

Connery también es el papa de Indy así que resulta imposible siquiera discutirlo. Pero entiéndanme ustedes y principalmente usted Don Connery: yo crecí viendo los films de Timothy Dalton y de Pierce Brosnan. Como no caer rendido  entonces frente este Bond de Craig?

Dirigir Bond sin dudas es cosa seria. Prueba de ello son las innumerables críticas que Marc Foster recibió luego del estreno de Quantum of Solace, su opera prima en el cine de acción. Los fans bondnianos (acabo de inventar el término) esperaban mucho luego de comprobar que la inclusión de Craig como el legendario agente cumplía con creces. La cinta de Foster contaba con un peculiar aliciente ya que era una continuación/secuela con todas las letras. Algo inusual en la franquicia desbordada por historias autoconclusivas. Foster no estuvo a la altura y presento un film vacio de contenido y de figuras, un film sin un villano de peso y con una chica bond de turno que solo era una cara bonita (Olga Kurylenko). Falta de experiencia dijo la mayoría, directo a marzo dijeron otros.

Y es allí cuando entra en escena Skyfall. La misma llega en un momento más que oportuno y con una prerrogativa precisa: respetar los basamentos de una franquicia con medio siglo de vida y al mismo tiempo revitalizarla. Créanme que el film lo consigue.

Skyfall, como la mayoría de las cintas de Bond, comienza con una auspiciosa escena de acción. La misma en esta oportunidad es increíble y vale mencionar que no encontrara escenas que se le comparen hasta llegado el desenlace. Antes de los créditos, interpretados por Adele y con una banda de sonido que permanecerá por años en el recuerdo, Bond persigue a un delincuente. Lo hace montado en una motocicleta y más tarde sobre los vagones de un tren. Finalmente la orden de M (interpretada nuevamente por Judi Dench) indica que el tiempo se acabo y es hora de efectuar un disparo. Y es este disparo por parte de uno de los suyos, y al servicio de su majestad, el que acaba con un viejo Bond.

M16 sufre un atentado de magnitudes inmensas, el sistema de seguridad es hacheado (presentando así un nuevo villano que interactúa de la misma manera que lo hizo Bond hasta esos momentos: desde las sombras) y la identidad de diversos agentes infiltrados es revelada en lo que parecería ser una venganza hacia M. Bond decide regresar con sus propios fantasmas a cuestas, pero ya no es el mismo.

El transcurso de la cinta tiene una estructura que huele a clásico. Sin dudas un inmenso homenaje, pero que afortunadamente no se queda en eso: esta cinta tiene mucho más que decir. Las incursiones de personajes como un renovado “Q” y Miss MoneyPenny, esa eterna enamorada de Bond, son una gran prueba de esto que decimos.

Sin embargo son solo dos las cuestiones que merecen un tratamiento especial.

La primera es el villano de turno, aquel que esconde un pasado vinculado a la organización y a M. Silva es su nombre y es interpretado majestuosamente por un actor que hizo lo propio en cintas como Sin lugar para los débiles: Javier Bardem. El español ofrece un villano de los de antes, de esos que perduran como una marca registrada. Solo basta observar la primera escena en la que se presenta frente a frente con Bond. Su interpretación, que seguramente avalara la crítica en general, verdaderamente impacta, deslumbra.

El siguiente logro es, como mencionábamos anteriormente, devolverle una clara entidad protagónica al MI6. Este centro de operaciones tan presente en los primeros años se hallaba totalmente deslucido y se resumía solamente a la presencia de M. Skyfall nos devuelve sus instalaciones y nos lleva a adentrarnos y recorrer sus largos pasillos.

Skifall invita a reflexionar, a emprender ese buen ejercicio que es la memoria, pero sobre todo nos devela que su trama se encuadra en la eterna lucha de lo nuevo y lo viejo. Aquí si bien existen características tales como el avance de la tecnología y la ausencia de enemigos visibles también es cierto que se plantea un gran regreso a las primeras fuentes. No en vano el enfrentamiento con Bardem también es el mejor pretexto con el que cuenta Bond para regresar a su oscura infancia.

Skifall ofrece a la franquicia un nuevo rumbo o quizás lo vuelve a encauzar. Y más allá de las sólidas actuaciones de Craig y Bardem, existe un giro o una parabola difícil de describir. Esa parábola emociona pues trae consigo el mejor punto de encuentro entre “el inicio y el final”. Y aquellos que aman a este personaje lo agradecerán.

 

 

Por: Cristian Oliva.

 

Su título reza que es periodista, casi un 007, pero es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que todavía sueña con lo que va a ser cuando sea grande.

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